La familia Fernández Arnedo 

               Como ha quedado dicho al hacer referencia a José María Fernández Fernández, la hacienda de Bucalemu pasó, por sentencia judicial, a manos de la familia de Pedro Fernández Arnedo en el año 1846 en virtud del derecho que asistía a su mujer Petra Fernández Fernández a quien José María, su hermano, había marginado del usufructo de la hacienda. En el año 1849 se hacen cargo de la misma sus nietos Domingo Fernández de la Mata, Manuel Fernández Cereceda y Braulio Fernández Fernández.

 

               La familia Fernández Arnedo da comienzo con el matrimonio formado por Francisco Angel Custodio Fernández Fernández y Josefa Quiteria Arnedo Fernández, ambos naturales de Galilea. De este matrimonio nacieron dos hijos: Francisco Ezequiel, cura párroco de Galilea y Pedro Fernández Arnedo, uno de los personajes más importantes nacidos en nuestra localidad.

 

 Pedro Fernández Arnedo. (1774-1842)

               Puede considerarse a don Pedro Fernández Arnedo el creador de una larga familia de políticos y hombres de empresa que dejaron su huella tanto en España como en la República de Chile, merced a la existencia del fundo de Bucalemu.  Nació en Galilea el día 29 de junio de 1774.  Fue empadronado como hijosdalgo en el Solar de Valdeosera, al igual que su único hermano el presbítero y cura párroco de Galilea, don Francisco Ezequiel Fernández Arnedo.

 

                D. Pedro Fernández se casó en la parroquia de Santiago el Real de Logroño  el 8 de junio de 1793 con Petra Fernández Fernández, natural de Pipaona de Ocón y fallecida en Galilea en 1830. Era hermana de José María Fernández Fernández, quien por sentencia había perdido  el fundo Bucalemu.

 

               Fue miembro de la Diputación Provincial de Soria bajo cuya jurisdicción se encontraba Galilea antes de la división administrativa de España.  Junto con los otros tres diputados riojanos intervino activamente en la creación de la Provincia de Logroño, en la primera división administrativa de España, en el trienio liberal 1820-1823.  Esta activa intervención le acarreó múltiples problemas con los diputados sorianos que de ninguna manera estaban dispuestos a ceder su potestad sobre esta parte del territorio riojano.  A tal extremo llega este enfrentamiento, que don Pedro Fernández, en unión de los otros parlamentarios riojanos, tiene que redactar una carta en demanda de protección al rey, ante el cariz que estaban tomando los acontecimientos.  Esta carta, redactada en Galilea, tenía el siguiente contenido:

 

“Señor:

            Los individuos de la Diputación Provincial de Soria, que en cumplimiento del artículo 334 de la Constitución nos reunimos en la capital en el mes de marzo último (1821), fuimos insultados atroz e injustamente a pretexto de la nueva división del territorio español, en la que Soria deja de ser capital de provincia; sangrientas voces y pasquines se propalan por la ciudad, y hasta en la casa misma del Jefe Político (Gobernador Civil) se amenazó con la muerte de un individuo.

 

Tan enormes atentados cometidos contra los representantes de la Provincia mere­cen un pronto y ejemplar castigo; sin embargo los diputados sólo pedimos orden y tranquilidad que no pudimos conseguir sino a costa de zozobras y peligros.  Al fin hubo de suspenderse las sesiones hasta el día 1 de julio, época en la que supo­níamos estaría hecho el nuevo arreglo de las provincias, y que con este medio se excusaban medidas fuertes contra los promovedores de tales atentados.

 

Todo ha cambiado, porque siendo necesaria la reunión de la Diputación para el reemplazo del Ejército, el peligro amenaza de un modo que no podemos evitar, siempre que esté pendiente la división del territorio o que se apruebe el plan presentado, como es de esperar.  En tan tristes y apuradas circunstancias, imploramos la protección de V.M. para que, si fuese de su real agrado, nos mande reunir en Calahorra, Arnedo, Torrecilla de Cameros, Logroño u otro cualquiera pueblo de la provincia;  de otro modo nuestra seguridad personal se halla comprometida y nuestros trabajos serían infructuosos por falta de tranquilidad.  La resolución, Se­ñor, es urgentísima aunque no fuera más que por librar a Soria del peligro de un atentado.

 

 

Por si no se hallasen en las atribuciones del Gobierno la resolución de este grave y urgente negocio, lo hacemos presente a las Cortes, para que, tomándolo en consideración, resuelvan lo que estimen conveniente y necesario a la tranquilidad de Soria y seguridad de nuestras personas.”

 

 

               Este documento lo firman los cuatro diputados riojanos: Sebastián Fernández, de Navarrete; Manuel Anselmo de Nafría, canónigo lectoral de Calahorra;  Nicolás Alonso de Tejada, de Azofra; y don Pedro Fernández Arnedo.

 

 

               Con la abolición de las garantías constitucionales en 1823, España se ve abocada a un negro periodo de diez años de absolutismo, gobernada por un rey inepto y caprichoso que conduce a nuestro país a una sangrienta guerra civil.  Cuando Fernando VII fallece en 1833, deja sin efecto la Ley Sálica que impedía gobernar a las mujeres.  Su hermano Carlos María Isidro no admitió esta decisión, dando así origen a la primera guerra carlista.

 

               En la segunda etapa de esta contienda, (de 1835 a 1837) la Comisión de Armamento y Reserva de Logroño requisa una custodia de la iglesia de Galilea, teniendo que intervenir don Pedro Fernández quien apoyándose en el prestigio alcanzado durante su etapa de político en activo, envía desde Galilea la siguiente misiva al Jefe político de la capital:

 

“Excmo. Señor:

 

Don Pedro Fernández Arnedo, comisionado por el cabildo y Ayuntamiento de Galilea, con el más debido respeto expone a V.E. que teniendo su iglesia una única custodia, cuyo pie es de bronce y su remate de plata, ha sido inventariada entre las demás alhajas en concepto equivocado de ser de este último metal en virtud de las señas comunicadas por su comisionado para el efecto, y siendo necesaria para el culto, mayormente cuando los terceros domingos de cada mes se expone JHS en ella, haría la mayor sensación a sus feligreses si por su falta dejarían de celebrarse las funciones en estos días, según las antiguas costumbres que están establecidas, por lo que  tanto por el poco valor que en sí tiene esta alhaja, como por el sentimiento y ser necesaria a sus vecinos,

 

            a V.E. suplica se sirva mandar entregar esta custodia al exponente para que permanezca en esta iglesia para los fines indicados, con lo que recibirá singular valor.

 

             Octubre, 28 de 1836.”

 

                La custodia, efectivamente, fue devuelta a la iglesia de Galilea gracias a esta intervención ante la Comisión de Armamento del ejército cristino en la ciudad de Logroño.

 

               Don Pedro Fernández  murió el 11 de enero de 1842, siendo enterrado en el cementerio de Galilea.

 

Pedro Fernández Arnedo fue abuelo de Domingo Fernández de la Mata, Braulio Fernández Fernández, Manuel Fernández Cereceda y bisabuelo del alcalde de Logroño Francisco de la Mata. Fue, asimismo, tatarabuelo de Sta Teresa de los Andes y del embajador Sergio Fernández Larraín.