PAMPLONA CENIT DE SU CARRERA EPISCOPAL

             Poco interesante  hubiese sido la vida pública de nuestro paisano de no haber sido promovido a la Diócesis de Pamplona.  En estos seis años al frente de la diócesis navarra - del 14 de enero de 1658 al 6 de enero de 1664- es cuando su vida pública cobra una mayor notoriedad.  No olvidemos que su campo de actuación abarcaba, además de la propia Navarra, la provincia de Guipúzcoa y parte de Aragón, y que al tener fronteras comunes con Francia, contra la que se estaba guerreando continuamente, se encontraba en una posición privilegiada para poder celebrar futuros pactos y concordias como más adelante así fue.

Catedral de Pamplona

            El 11 de junio de 1657 se sabía en Pamplona que la sede de San Fermín iba a quedar pronto vacante, porque el rey había hecho mención a su titular, Francisco Alarcón, del obispado de Córdoba.  De acuerdo con las instrucciones dejadas por las Cortes, la Diputación decidió elevar una instancia al monarca pidiendo la mitra de Pamplona para algún obispo navarro.  El memorial fue enviado dos días más tarde.  Se alegaba como motivo lo mucho que el reino había servido a la Corona desde el año 1636 en las guerras de Francia y Cataluña, y ciertas promesas genéricas que le había hecho el soberano.  La Diputación se abstenía de recomendar ningún candidato concreto.  Le bastaba que el nuevo obispo fuese natural del viejo reino Sin embargo los anhelos de Navarra no fueron tenidos en cuenta por el gobierno de la Nación, que se vio asediado por pretendientes.

             Aunque el candidato del rey no era navarro, al menos procedía de una región vecina que en tiempos perteneció a la monarquía de Pamplona y cuyos habitantes eran muy afines al carácter de los navarros.  El propio interesado comunicó al Ayuntamiento de Pamplona, y a la Diputación del Reino, su promoción a la sede de esa ciudad.  Es de suponer que tendría la misma deferencia con el Cabildo de la catedral.  A la prenominación del rey siguió la presentación oficial en Roma el día 6 de febrero, y el despacho de sus bulas que hacían del obispo de Ciudad Rodrigo un legítimo sucesor de San Fermín (6 de mayo de 1658).  El obispo electo presentó su juramente ante el obispo de Tarazona, en Corella, el día 27 de julio.

             En virtud de poder otorgado por él en Galilea seis días antes, se presentó el doctor Francisco Ruiz de Palacios, presbítero, natural de la villa de Ribafrecha, su gobernador, provisor y vicario general, con las bulas y el juramento.  El capítulo designó al doctor Martín Tejeros y al licenciado Fausto de Vergara y Gaviria, canónigos, para darle la posesión que tuvo lugar en el pórtico principal de ingreso a la catedral y sala capitular, previo el juramento acostumbrado.

  UNA  VISITA PASTORAL INTERRUMPIDA

             En el año 1659 se traslada a San Sebastián. Durante su obligada estancia, visito las iglesias de la villa entre los días 8 y 13 de agosto de 1659, dejando breves pero numerosos mandatos de visita.  La junta del Muy Ilustre Clero de Navarra encargó a su procurador general que estuviese atento a lo que el obispo fuese practicando en la provincia de Guipúzcoa, en cuanto a volver a examinar a los curas que ya estaban examinados y aprobados por los obispos anteriores, para que se previese el remedio competente, si entrando en ese reino de vuelta, quisiera hacer lo mismo, porque esto era contra la disposición de derecho  “...y nunca tal se ha permitido en este obispado.”

            Juan de Labiano, Abad de Enériz y Diego de Eraso, hallándose el obispo en la provincia, fueron en nombre del clero a suplicar al doctor Ruiz de Palacios, vicario general de don Diego, escribiese al prelado que no intentase examinar a los curas. Nada se dice del resultado de estas presiones.

 

            El obispo tuvo que interrumpir la visita pastoral por motivos de alta política al ser llamado por el rey para asistir como testigo a la firma de la Paz de los Pirineos (7 de noviembre de 1659) para posteriormente celebrar la boda de la Infanta María Teresa con el rey de Francia Luis XIV (3 de junio de 1660), y no parece que la reanudara más tarde, y si lo hizo, lo fue por poco tiempo.