PROBLEMAS ECLESIÁSTICOS EN LAS CORTES

            Las cortes, inauguradas en la Preciosa de la catedral el 25 de marzo de 1662, volvieron a ocuparse de varios problemas que quedaron pendientes en la legislatura anterior y de otros nuevos.  En la primera sesión el obispo Diego de Tejada, pidió la naturalización –concesión de los derechos de otro país-, que le fue concedida previa votación secreta.

             Dos meses más tarde se vio el capítulo 52 de la instrucción sobre la pensión que se pidió a Su Majestad sobre el obispado.  En el día señalado para debatir el asunto (10 de junio de 1662) no se abordó o no se consignó nada en las actas.  Pero dos días después, en plena deliberación, se registró una instrucción “sobre que el obispo de Tarazona ponga vicario general sobre los lugares que tiene en este reino.” Se ponga por capítulo de instrucción conforme el capítulo 45 de la instrucción de las cortes pasadas.  La instrucción decía que pusiese pleito al obispo de Tarazona sobre el vicario general. 

Catedral de Pamplona. Puerta Preciosa

            “Quede también por capítulo de instrucción la pensión del obispado en la forma que está en el capítulo 52 de la instrucción pasada y el memorial dado por la última diputación (26 de mayo de 1662). La instrucción añadía que la Diputación pidiese donativos al clero, casas monacales y regimientos para aumento de la dotación, como lo ofrecieron en tiempos pasados.”

             En sesión del 12 de julio del mismo año se leyeron unas cartas y un memorial de la ciudad de Tudela, de su insigne colegial y deán de la misma sobre la pretensión de que la colegiata se convirtiese en catedral y el deanato en obispado. Al fin pedían al reino que interpusiese su autoridad. Los tres brazos encargaron a los síndicos que estudiasen los precedentes.  Presentaron un borrador de memorial que las cortes podían dirigir al rey y de las cartas que se podían enviar al monarca, al presidente de Castilla y a los miembros de la cámara.  Fueron analizados, puestos en limpio y enviados el día 15 de julio de 1662. 

            En el mismo día se vio un memorial sobre el gran número de ermitaños existentes en el reino en grave daño de las religiones del mismo y en contravención de la legalidad vigente.  Los tres brazos recomendaron a Lucas de Iblusqueta que informase al reino sobre las leyes vigentes sobre el particular.  El 19 de julio se nombraron dos personas para que hablasen al obispo pidiéndole que publicase censuras contra los taberneros que permitían jugar a naipes y que de paso le hablasen también sobre el excesivo número de beatas y ermitaños, suplicándole en este asunto pusiese forma en el pedir de las limosnas.  El obispo prometió aplicar los medios convenientes para complacer al reino.

             Los tres estamentos rogaron al obispo y virrey que calmases las diferencias entre los franciscanos y los capuchinos (4 de agosto de 1662).

             La villa de Los Arcos y sus aldeas aspiraban a incorporarse nuevamente al reino de Navarra.  Como la iglesia de la villa estaba unida a la mitra de Pamplona, los vecinos buscaron la mediación de D. Diego de Tejada. Éste presentó la carta a las cortes.  Se fijó el 4 de septiembre para estudiar el asunto y se sugirió al prelado contestase que viniera una persona de parte de aquella villa con todos los papeles relativos a este asunto el 4 de agosto de 1662.  La incorporación a Navarra tardaría casi un siglo en verificarse (año 1753).

             Las instrucciones de las cortes de 1662 añadían que, en cuanto el memorial que se había dado en nombre los conventos de Nuestra Sra. del Carmen, Merced y de la Victoria sobre incorporarse a los conventos de Castilla segregándose de los de Aragón, si los interesados acudiesen a la Diputación a pedírselo esta les asistiría para conseguir su intento y actuaría en la mejor disposición posible.

             En sesión de la Diputación del día 5  de octubre de 1662 D. Diego de Tejada se opuso a que se enviase al rey el memorial que se había preparado sobre todo lo sucedido en las cortes, entre otras causas porque contenía muchas quejas contra el virrey; pero la mayoría de los diputados fueron del parecer que se enviara  como estaba redactado.

             El 9 de diciembre de 1661 se propuso en sesión de la Diputación se iría alguno a dar satisfacción a los de la cámara por no haberles avisado el diputado y el síndico.  Como el asunto se consideró grave, se dejó sobre la mesa.  Dos días después D. Diego de Tejada presento un voto muy largo como diputado, oponiéndose y pidió testimonio de su voto pero todos los demás diputados votaron lo contrario. Es la segunda vez y con exigencias y humos.  El 28 del mismo mes el obispo pidió copia del acta del día 11. Se suspendió la resolución hasta el regreso del secretario Antonio Pérez que tenía los papeles de lo que pasó en aquella sesión. No se menciona más este asunto.