FUNDACIÓN DEL CONVENTO DE LOS CAPUCHINOS DE FUENTERRABIA

 

        

Convento de los Capuchinos

  Cuando en la primavera del año 1660 el rey Felipe IV pasa por Guipuzcoa camino de la isla de los Faisanes para asistir a la boda de su hija María Teresa, otorga licencia verbal a la orden de San Francisco para erigir un convento de capuchinos en la ciudad de Fuenterrabía, en un paraje denominado Arquelot.  La primera tentativa fracasó por la oposición del Cabildo Eclesiástico de la ciudad guipuzcoana, en ese mismo año.  Pero el Cabildo acabó por dar su consentimiento tres años más tarde y así, el 10 de enero de 1663, el obispo de Pamplona, Diego de Tejada, verdadero impulsor de esta fundación, otorga asimismo su  autorización y toda su ayuda para que este convento sea erigido lo más rápidamente posible. Cumplidos estos requisitos legales, necesarios en aquella época, levantaron  una pequeña iglesia y algunas celdas para habitación de los religiosos, con el propósito de formalizar el convento. Pero no tardó en oponerse a esta fundación el definitorio de los franciscanos, representando los perjuicios que iba a causar a los ya existentes. Fuenterrabía la apoyaba como muy útil a sus habitantes, y aún la había fomentado. La provincia por su parte también había prestado su consentimiento para dicho efecto, bajo la salvedad de que la cuestación de los capuchinos se limitase a los territorios de aquella ciudad y de la entonces universidad de Irún. Pero los franciscanos, lejos de someterse a esta determinación, entablaron un recurso de queja en forma ante el Consejo Real, a cuya oposición salió la ciudad. El resultado que tuvo este negocio fue haberse expedido en 16 de Noviembre del mismo año una Real provisión, por la cual se autorizó a los capuchinos para llevar adelante la erección del principiado convento.