SU EXPOLIO Y ACREEDORES

 

            A la muerte del obispo Diego de Tejada, por orden del Consejo Real de Navarra, fueron embargados todos los bienes y frutos del obispo difunto, existentes en ese reino, que eran muy escasos. Enseguida se presentaron varios y poderosos acreedores, que reclamaban el pago de grandes cantidades, unos en concepto de pensiones impuestas sobre la mitra, otros en concepto de sueldos no satisfechos.

             Tras un largo proceso, el Consejo Real ordenó a Juan José de Tejada García, sobrino del obispo y cesionario de Jerónimo de Grez y éste de la reverenda cámara apostólica, a pagar de los bienes del espolio, en primer lugar a José de Vergara, presbítero y mayordomo que fue del obispo difunto 600 ducados que les estaban adjudicados por sentencia del propio Consejo por salario de administrador de las rentas del obispo en los años 1662 y 1663, y asimismo le pague el salario que montare la ocupación que ha tenido y tuviese hasta que se concluya este negocio, desde el 16 de abril de 1664 a razón de 200 ducados por año, más 200 reales por luto y gasto  que ha de tener en volver a su casa.

             En segundo lugar pague al doctor Esteban de Gayarre y Atocha 20 cargas de trigo y 20 de cebada para fin de pago de salario de dos años y medio que ejerció el cargo de oficial principal de este obispado.

             En tercer lugar y grado pague a José de Vergara, al cardenal Pascual de Aragón virrey de Nápoles, a Pedro Antonio de Echávarri, Alonso de Idiáquez y José López de Arguiñano las cantidades siguientes: 11.828 reales de plata y 1.674 reales y 24 mrs. de vellón a José de Vergara por otros tantos que ha hecho de alcance a las cuentas que ha dado de la administración de las rentas del obispo, confirmadas por el Consejo Real[1]; al cardenal de Aragón 31.000 maravedís, dos partes en plata y una en vellón, por otros tantos que se le debe de resta de 200 ducados de pensión que goza sobre este obispado; a Echévarri 163 ducados y seis reales, dos partes en plata y una en vellón, para fin de pago de 300 ducados de pensión sobre la mitra de Pamplona; a Idiáquez 824 reales y 9 mrs. de plata y 7.290 reales y 9 mrs. de vellón para fin de pago de 400 ducados de pensión; a López de Arguiñano 100 ducados de pensión de un año y la prorrata desde el 24 de junio hasta el 25 de noviembre de 1663, presentando primero la bula de pensión.

            En cuarto lugar pague a la abadesa, monjas y convento de Santa Engracia de Pamplona 206 ducados y medio que se le deben conforme a relación de libranza. 

            En quinto lugar pague a Juan de Lana, macero de la catedral, 100 ducados por el valor de la mula que pretende.

             En sexto grado y lugar pague a Martín de Orrade 40 ducados por el valor del macho que pide y a Magdalena de Gorriti, como heredera de Pedro de Licurpea, 711 reales que se le deben por la conducción de diferentes cantidades de trigo y cebada.

             Absuelve y da por libre a Juan José de Tejada y García de la demanda puesta contra  él por Matías de Rada y Juan de Teça los cuales pueden acudir, si lo desean, al expolio de Burgos.  Asimismo le absuelve de la oposición y demanda de Juan Remírez de Urdánoz, que no dice en qué consiste.

             Esta sentencia fue confirmada en grado de revista, con que el señalamiento de salario que se hizo a José de Vergara por su ocupación a razón de 200 ducados anuales desde el 16 de abril de 1664, se entendiese a razón de 300 ducados por año desde el primero de enero de 1664 hasta el 15 de julio del mismo año, y desde este último día en adelante se entendiese a razón de 2.000 ducados y que con el alcance que se hizo de la redención de cuentas, por la cual estaba graduado en tercer lugar juntamente con los pensionistas, fuese y se entendiese graduado en primer lugar y grado a todos los acreedores. En lo demás se guardará la forma y orden de dicha sentencia de 26 de septiembre de 1665.

             Al pobre Juan de Vergara le valió poco estar situado en primer lugar en la escala de los acreedores. Por falta de fondos no cobro más que 17 reales.

             Diego de Laguardia, llamado “el mozo” pariente directo de nuestro obispo por parte de madre, fue procurador de Juan José de Tejada.  Por orden de éste reclamo al Arcediano de la tabla, Francisco de Ayas, todas la raciones de pan y vino que tocaron al obispo a razón de 15 libras de pan y 15 pintas de vino desde el día en que vino a Pamplona hasta el día en que se fue, que ascendían, según sus errados cálculos a 477 robos[2] de trigo y 3.059 reales más 27 cornados[3] de vino. Pidió que se le tomase juramento a tenor de la presente demanda.  El vicario general asintió con fecha 14 de octubre de 1665. 

            El arcediano juró que no debía nada, salió a la causa y otorgó poder.  La parte contraria, mejor informada, solicitó que el arcediano prestase juramento por los días en que el obispo residió personalmente en Pamplona.  El vicario general denegó la petición por haberse mudado la sustancia de la demanda.  Antes había pedido las raciones por todo el tiempo en que don Diego fue obispo de Pamplona.  Ahora pedía las raciones tan sólo de los días que había residido en la ciudad.  Debía entablar nueva demanda para  la primera audiencia.  Como en cuatro audiencias no puso la demanda, Francisco de Ayas fue absuelto y se impuso silencio de la parte contraria.[4]

             Un año después, José de Vergara, mayordomo que fue del prelado difunto, entabló la misma reclamación.  Dijo que, a la muerte del obispo se trabo concurso de acreedores en el Consejo Rel de Navarra por vía de espolio.  Por sentencia del Consejo fueron graduados todos los acreedores y Vergara en primer lugar; pero, por falta de fondos, no pudo cobrar con ser el primer acreedor.  Vergara pretendía que entrase en el cuerpo de bienes del difunto las raciones de pan y vino que el arcediano de la tabla, Ayas, le debía por todos los días de residencia del obispo en Pamplona, pero el interesado respondió no deber nada en tal concepto.  Rechazada la demanda por el Consejo, Vergara la planteó ante el tribunal eclesiástico.  El vicario general negó la admisión a la causa, a no ser que justificase la falta de sustancia en los bienes del espolio para satisfacerle los créditos.[5]

             Después de exigir al arcediano ciertos datos, respondió directamente a la demanda diciendo que el obispo difunto le había perdonado todas las raciones.  “Estando platicando con ocasión de los malos años y temporales que corrían en esta tierra y lo poco que valían los frutos y por constarle por esta causa las muchas obligaciones y empeños de mi parte, dixo el señor obispo, por las justas causas y razones que movían su ánimo, que hacía gracia y remitía y perdonaba al dicho mi parte de todo lo que le debía de sus raciones hasta aquel día, como también de todas las que le tocasen en delante de todo el tiempo en que fuera obispo de este obispado sin reserva ni limitación alguna, y el dicho mi parte admitió y aceptó la dicha remisión y en esta conformidad jamás le pidió cosa alguna al dicho señor obispo al dicho mi parte de las raciones dichas”[6]

             En su apoyo presentó cinco testigos: José de Asiáin, de 45 años de edad, canónigo que estuvo presente por el mes de enero de 1661 en el palacio episcopal cuando el prelado perdonó al arcediano todas las raciones; Pedro Sanz Rácaxc, canónigo de 55 años y el doctor Martín Tejeros, canónigo y arcediano de la cámara de 57 años, testigos del perdón como el anterior.  El doctor Onofre Ibanes de Muruzábal, canónigo y subprior, de 70 años no se halló presente, pero lo oyó a muchas personas.  El vicario general, licenciado Roque Andrés de San Pedro, absolvió al arcediano de la tabla de la demanda interpuesta por Vergara en 2 de mayo de 1668.

             Entretanto Juan José de Tejada y García, en nombre del espolio de su tío difunto, trató de cobrar de los abades de Grez, Reta, Zorocáin y Ezperun y del vicario de Salinas ciertas cantidades por arriendos y cuartos pertenecientes a la dignidad episcopal.  Se trataba de cantidades pequeñas, que nada resolvía, aún suponiendo que las cobrara todas.

 

[1] Organismo ligado a las vicisitudes políticas de la monarquía castellana, primero, e hispánica, después, que tuvo su momento fundacional con Juan I, en las Cortes de Valladolid de 1385, tras el desastre de Aljubarrota, y fue abolido en 1834 con el triunfo del liberalismo.

[2]  Medida de trigo, cebada y otros áridos, usada en Navarra y equivalente a 28 litros y 13 centilitros

[3] Moneda antigua de cobre con una cuarta parte de plata, que tenía grabada una corona, y corrió en tiempo del rey don Sancho IV de Castilla y de sus sucesores hasta los Reyes Católicos

[4] Fecha  3 de marzo de 1667.

[5] Fecha 1 de octubre de 1667.

[6] Fecha 7 de marzo de 1668.