CONVENIOS ENTRE GALILEA Y CORERA

 

               Más cercanos en el tiempo que las concordias mencionadas anteriormente, pero de una efectividad igual para el mantenimien­to de la paz y tranquilidad entre los ganaderos y labradores de ambos municipios, fueron los diferentes convenios que, en estos dos últimos siglos, se firmaron entre ambos municipios.

 

               El primero de ellos se celebró el día 10 de febrero de 1896, en...

 

“…el Camino Real de Ausejo a Murillo y cruce del camino de este pueblo al corral de la Abejera.”

 

            

Corral de la Abejera

  ...entre los concejos y mayores contribuyentes de ambas villas.  Con la firma, se pretendía orillar y poner término a la cuestión pendiente que mediaba entre ambos pueblos, sobre el modo y forma de arreglar el Camino Real, y que pueda continuar el regadío por el cruce del mismo.  El otro asunto que motivaba aquella reunión era la cuestión del aprovechamiento de pastos por los ganaderos de los dos concejos.

 

               Para solucionar el primer escollo, deciden convocar a vereda a cuatro vecinos de cada pueblo, con caballerías mayores, para hacer acopio de piedra rodada con el fin de construir un puente que dejara expedito el paso del agua, conviniendo que los gastos originados serían a partes iguales.  Una vez construída esta obra, se autorizaba al Ayuntamiento de Galilea a hacer cuantas obras sean necesarias en dicho camino para facilitar, de esta manera, el paso de carros y ganados.

 

               El otro convenio que se firmó fue el referido al aprovechamiento de pastos.  En el punto cuarto del documento, se señalaba que siguiendo la costumbre que desde tiempo inmemorial viene siendo reconocida para el aprovechamiento de pastos entre ambos pueblos, por encontrarse en jurisdicción confundida, se comprometen ambos concejos a que el aprovechamiento de verifique a partes iguales.  De manera que ambos Ayuntamientos deberán autorizar el mismo día el inicio del aprovechamiento de pastos, rastrojeras y pampanera.  Si entre los Ayuntamientos hubiese divergencias, habría de nombrarse una comisión de seis vecinos por pueblo, que serían quienes determinarían la fecha de apertura.  Si algún propietario no autorizase la entrada a sus heredades, debería hacerlo bien visible con hitos, o señales que así lo avisaren.

 

               En cuanto a los guardas del campo, cada Ayuntamiento tenía la facultad de nombra los de sus respectivos términos, haciendo expresa mención al lugar que llaman de Cascajos, plantado mayoritariamente de viñedo, y para el cual nombraban dos guardas, uno por cada pueblo; pero si hiciesen falta tres, el tercero sería un año de cada pueblo.  El sueldo que los cosecheros de uva pagaban a los guardas por temporada, no podía exceder de sesenta pesetas, que habrían de ser pagaderas antes del primero de noviembre de cada año.

 

               En el año 1924, y con el fin de restablecer las...

 

                              “… antiguas y buenas relaciones, momentáneamente interrumpidas...

 

               ...se reúnen, en el edificio de las escuelas de Corera, las corporaciones de ambos pueblos, bajo la presidencia de un delegado gubernativo, nombrado como  moderador de aquella reunión.  La finalidad era llegar a un acuerdo que debía de plasmarse en un convenio para cortar los abusos que, unos y otros ganaderos, generaban por la posesión de pastos, y acordar un nuevo período de

Corera

 

“…recíproco aprovechamiento y franca relación de amistad, en base de una mayor independencia entre ambos pueblos.

 

               Los terrenos en litigio por la posesión de pastos eran los pagos del término de Cascajos, próximo a Cabezuelo Blanco. Para dirimir este conflicto, se nombra a una serie de peritos por ambos municipios, que son los que amojonan los terrenos para delimitar claramente dónde deben pastar cada una de las ganaderías.  Una vez realizada esta operación se produce la firma del convenio que, en esencia, quedaba de la siguiente manera:

 

Los ganaderos de Corera serían los únicos que podrían llevar sus ganados a pastar al término de Cascajos, aunque este sea jurisdicción de Galilea.  En reciprocidad, y dado que la mitad del olivar enclavado en término municipal de Corera, era propiedad de vecinos de Galilea, aunque estas propiedades se encuentran muy mezcladas con otras de Corera, se señala una amplia franja limítrofe con la jurisdicción de Galilea, para uso exclusivo de las ganaderías de este último pueblo.”

 

               Con la firma de este convenio de dio fin a un período conflictivo entre las ganaderías de ambos pueblos, cuyo resultado fue, como decía la introducción del convenio...

 

                              “... sembrar sus antiguas y buenas relaciones, momentáneamente interrumpidas.”