CONSTRUCCIÓN DE LA CARRETERA DE MURILLO DE RIO LEZA A GALILEA

Tirso Rodrigañez

Desde el mismo momento de la segregación de Ocón, los responsables municipales, con mayor o menor fortuna, abordan el problema de dar una solución satisfactoria al estado tan calamitoso en que se encontraban las vías de acceso a nuestro municipio, tanto desde la capital como desde el propio valle.  En los años finales de s. XIX hay momentos en los que parece que este anhelo está a punto de consegui

rse cuando quien intercede por su resolución en, nada menos que, don Práxedes Mateo Sagasta.  Sin embargo su interés no fue suficiente para lograr el objetivo deseado ya que, con el nuevo siglo, el proyecto se desvanece en el aire, y las ilusiones de nuestros abuelos se tornan en inicuas quimeras.

Con las llegada del nuevo siglo nacen también una serie de políticos regionales, sensibles a las solicitudes formuladas por quienes, como los alcaldes que se van sucediendo en Galilea, detentan el poder político, pero también una excesiva influencia sobre los comportamientos y actitudes de la inmensa mayoría de sus administrados.  Dicha influencia tenía su aplicación práctica en los diferentes periodos electorales que se iban sucediendo, bien fuesen a nivel regional o nacional. En consecuencia se creían perfectamente legitimados para solicitar,  a los dirigentes de las diferentes formaciones políticas, su intervención en los diferentes expedientes a través de los cuales se recogiesen las abundantes demandas sociales imperantes en aquellos momentos.

             Tres fueron las peticiones que en aquel primer cuarto de siglo formulaban con ahínco  nuestros resignados antepasados: una rápida y favorable resolución al contencioso con Ocón; la transmutación de los fines de la escuela de patronato a la escuela nacional; y la construcción de la mencionada carretera.  Estas demandas se formulaban global o parcialmente dependiendo de la época en la que se remitiesen y del destinatario al que iban dirigidas.  En el umbral de ambos siglos, era el Marqués del Romeral, diputado a cortes por Torrecilla de Cameros, quien con fecha  15 de septiembre de 1897 contestaba a una carta remitida por los responsables del municipio unos días antes.  La misiva iba dirigida a Anselmo Cenzano, Gumersindo Fernández, Felipe Malo, Rogelio Fernández e Hipólito Gabasa.  Decía: 

“Muy Sres. míos  y de toda mi consideración:

 Recibo su carta firmada por el orden en que encabezo ésta, y que a nombre de este Ayuntamiento se sirven dirigirme.  Con el mismo objeto y demanda he recibido otra del Sr. Alcalde de Corera, que como a su Corporación le digo, tenemos dispuesto a emplear todo mi esfuerzo en bien de los intereses de esas localidades.  Con este fin me dirijo al Exmo. Sr. don Tirso Rodrigáñez para que en consonancia con lo que ustedes desean practiquen las diligencias necesarias en los asuntos que su apreciable carta indica.  Que esa Corporación cuente con la seguridad de mi mayor interés en pro de los intereses de sus administrados, y ustedes, personalmente, con la consideración más distinguida de quien se siente su affmo. y atento amigo.” 

Aunque la carta no desvela el alcance de las peticiones todo hace suponer que al referirse "a los asuntos que su apreciable carta indica" identificaba en ellos al contencioso con Ocón y al proyecto de la carretera, dentro de las peticiones locales.  Aunque el contencioso con Ocón habría de resolverse diez años más tarde, no ocurriría así con el proyecto de la nueva calzada.  Tendrían que pasar varios años para que, en la escena política regional apareciese el hijo de uno de los políticos más fecundos y duraderos que habría de enraizar en nuestra tierra riojana: don Alberto Villanueva Labayen, formado políticamente a la sombra de su padre, don Miguel Villanueva, que habría de alcanzar la presidencia del Senado y el Ministerio de Fomento. 

En mayo de 1919 el joven  diputado remite dos cartas al Ayuntamiento de Galilea, una de fecha 6 de mayo en la que se trata simplemente de una carta de cortesía, en contestación a otra remitida con anterioridad por el concejo de Galilea.  La otra carta, de fecha 16 de mayo, va dirigida al alcalde don Leopoldo Fernández.  Esta carta era un reproche del Sr. Villanueva por la machacona insistencia con que la corporación le reclama que diera soluciones a problemas que ni el mismo Sagasta había conseguido resolver. 

Para entonces ya se había  recibido en el Ayuntamiento de Galilea  

“…el proyecto del tramo segundo  de la carretera del Puente de Murillo de Río Leza a la de Logroño a Zaragoza (venta de Rufino).”  

El pleno municipal del día 16 de febrero de 1919 da cuenta de una comunicación remitida por el ingeniero jefe de Obras Públicas de esta provincia, fechada el 21 de enero pasado, en la que se informa de la exposición al público, en las dependencias de dicha jefatura, del citado proyecto.  El pleno hace una recomendación a los vecinos para que nadie  se oponga al trazado,  

…pues es no solamente conveniente sino indispensable y urgente, que este pueblo olvidado por completo, no pueda continuar sin vías de comunicación como hasta la fecha. “ 

Los vecinos no estaban contra la construcción de esta carretera.  Habían sido muchos años de transitar por caminos polvorientos y angostas calzadas, como para poner reparos a su construcción.  Pero el trazado que se les proponía no era el más deseado por ellos. No aceptaban que aquella nueva carretera, que a su paso por el casco urbano lo marginara para seguir una linea, más o menos recta,  que teniendo su origen en los aledaños de la Ermita de la Virgen de Gracia, y su destino en el alto de Los Palacios, obliga al vecindario a un desplazamiento considerable a la hora de recibir a los vehículos de viajeros y transporte de mercancías que llegaban a nuestra localidad. 

Los vecinos hacen valer su opinión y consiguen que  

“…desde la Ermita de  este pueblo se varíe el trazado, tomando la calle arriba hasta la iglesia parroquial, y desde allí, girando a la izquierda, salir en el término de Los Palacios al camino de Corera, donde principia a bajar la cuesta”.   

El día de Año Nuevo de 1922 todavía está inconclusa ya que se exhorta a la población a que 

“…con peones se extraiga el cascajo del barranco para finalizar la carretera  que atraviesa el pueblo ya que el vecindario desea acometerlo con veredas voluntarias, siendo el importe de los peones satisfecho del presupuesto municipal. “  

            El 16 de septiembre de este mismo año, la carretera está terminada.  En ese día el alcalde, Florentino Fernández,  acuerda ofrecer un banquete al Sr. Villanueva y aprovechar la inauguración del nuevo edificio del Ayuntamiento que se está construyendo.  Se acuerda dar su nombre a la calle más importante del pueblo que atraviesa la carretera recién terminada cuyo mérito recae en don Alberto Villanueva.