EL DESPEGUE DE LOS AÑOS CINCUENTA

 

           


Los aguazales

               En los años centrales de esta década se efectúan una conjunto de obras públicas que provocan un cambio radical en la vida cotidiana de nuestros antepasados, en lo que se refiere a su relación con el medio urbano en el que se desenvuelven, al introducirse una serie de mejoras, pioneras en muchos casos, que van a facilitar sobremanera los pesados trabajos cotidianos propios de una sociedad rural.

 

               Entre los años 1953 y 1957 se realizan obras tales como la introducción del agua potable en los domicilios particulares con lo que esto representó, sobre todo para las mujeres, que tenían que desplazarse hasta los lavaderos públicos para lavar sus coladas; se efectúa el alcantarillado integral del pueblo conduciendo las aguas fecales hacia lugares alejados del núcleo urbano; se pavimentan las calles y callejas colindantes que antes eran de tierra, simplemente; se construyen cunetas y puentes individuales de acceso a cada edificación; se instala el teléfono público; se construye el grupo escolar. En fin se le da un importante impulso a las infraestructuras y servicios del pueblo que permite traspasar la barrera de la aldea decimonónica para convertirse en un pueblo moderno que, en muchos aspectos, va a caminar por delante de los de su entorno.

 

               Una de las obras de mayor trascendencia llevadas a cabo  en esta década fue, sin lugar a dudas, el abastecimiento de agua potable a los domicilios de Galilea.  Como refleja la memoria del proyecto de 4 de mayo de 1953, el pueblo estaba insuficientemente abastecido de aguas para cubrir las necesidades mínimas exigibles. Las fuentes de las que se surtían daba muy poco caudal. Se imponía, por tanto, localizar el paraje desde donde canalizar las aguas hasta introducirlas en los domicilios particulares.

 

               El manantial no es otro que el existente en el término de “Los aguazales” del que se sirve también para suministrar agua de riego y del que se pretenden extraer los 0,79 litros por segundo que se precisaban para conseguir los 120 litros diarios necesarios para las necesidades de los 515 vecinos de entonces ya que,

 

…los 30 restantes, hasta la dotación normal de 150 litros por habitante y día, los suministrarán las fuentes actuales.”

  

               Con fecha 2 de junio de 1954 se le da instrucciones al ingeniero de Vías y Obras para que marque el alcantarillado y formule el consiguiente proyecto con el fin de solicitar la subvención que corresponda a una obra de esta envergadura. La ayuda, que proviene de la Diputación Provincial para financiar la redacción de los planos asciende a 3.500 pesetas.

 

               Sin embargo las obras no arrancan y se determina viajar a Madrid en el mes de noviembre de 1954 para,

                                           

“…resolver asuntos de mucha importancia para este pueblo… así como dilucidar en los Ministerios competentes sobre el proyecto de alcantarillado y traída de aguas.”

 

               La situación sigue sin mejorar en los meses centrales del siguiente año.  Como siempre ocurre, los proyectos se complican con dificultades que van surgiendo de manera inesperada y se tiene que plantear la,

 

“…solicitud de subvenciones a fondo perdido para poder realizar las obras tan sumamente urgentes de la traída de aguas, toda vez que hay que salvar nuevas distancias para este abastecimiento, así como para el alcantarillado muy necesario igualmente para evitar cualquier contaminación por lo poco higiénico que se encuentra este pueblo.” 

  

 

               Sin embargo esta ayuda económica en forma de subvenciones no llega,

 

                              “… por cuyo motivo se encuentran paralizadas con sus planos y presupuestos hechos”

 

        


El capitán González Gallarza

       Llega el mes de septiembre y se produce un acontecimiento irrepetible. Se inaugura el teléfono público qué tanto tiempo hacía que se estaba esperando. Con motivo de este acto se congregan en Galilea las máximas autoridades de la provincia a las que se les plantea la situación de paralización de las obras, sin que se obtengan resultados positivos. Sin embargo el destino quiso que el día 27 de septiembre de 1954 con motivo de la festividad del día de Acción de Gracias acudiera a su celebración el médico riojano, con raíces en nuestro pueblo, D. Fernando Yangüela al que el alcalde llama “introductor de los chilenos en este pueblo”  que le anuncia la visita, para el día siguiente, de D. Eduardo Fernández Balmaseda, diplomático chileno, viajero impenitente, hombre adelantado a su tiempo, y acudirá no como

 

“…un turista más de los que a diario recorren nuestro País sino a derramar lágrimas sobre la tumba de sus mayores que reposan en nuestro cementerio”

 

               El alcalde le explicó pormenorizadamente la situación de estancamiento que sufrían los diferentes proyectos y su dificultad para darles salida. El diplomático chileno escucho con atención los problemas que se le planteaban y prometió ejercer toda su influencia ante sus amigos, los políticos de la capital del Reino para intentar dar salida a esta situación de parálisis administrativa.

 

               Nada mejor para ello que acudir a su buen amigo el Conde de Vallelano, a la sazón Ministro de Obras Públicas por aquellas fechas. Parece que las dotes de persuasión del diplomático chileno eran grandes ya que

 

“…a partir de aquel momento y en cadena, sin interrupción nos fueron concedidas subvenciones con las que, aun a paso lento, pudimos continuar las obras.”

 

               La maquinaria administrativa siempre lenta, aunque segura, comenzó a funcionar.  El juego de influencias, la diplomacia y la suerte de conocer a la persona idónea en el momento preciso, dieron sus frutos. Así es como en el mes de octubre de 1955 se autoriza a,

 

                              “…dar principio a las obras de traída de aguas, en trámite desde hace tiempo.”

 

               Las ayudas económicas  se suceden en cadena. En Febrero de 1955 ya se ha recibido una subvención  del Ministro del Aire, D. Eduardo González Gallarza por importe de 100.000 Pts. Se destinan a pavimentar las calles y a arreglar el frontón,  que hacía 10 años lo habían reconstruido. Pero en marzo del siguiente año, el militar riojano también se muestra espléndido con Galilea y a través del programa de Regiones Devastadas, concede una ayuda de 150.000 Pts. Esta vez el destino es para el alcantarillado de las calles.

 

Fernando Muñoz y Serrano del Castillo al finalizar las obras, en una misa de campaña.

               Estas dos obras de gran trascendencia para el bienestar del pueblo, se ven acompañadas de otras de menor importancia pero necesarias también para ir configurando el futuro del pueblo. Con todas ellas se sigue el mismo guión para conseguir su necesaria financiación: el exquisito trato y las excelentes relaciones con aquellas personas que por su significado político, diplomático, eclesiástico o cultural, podían interceder ante los organismos y sus regidores precisos, con el fin de conseguir con la necesaria sutileza, los objetivos establecidos. O sea, diplomacia en su estado puro.

              

               De estas fechas datan las relaciones epistolares del alcalde con personas influyentes del momento actual. Así al ya citado D. Eduardo Fernández Balmaseda, habría que añadir la de su compatriota D. Sergio Fernández Larraín y el también Chileno D. Eduardo Valdés.  Aquí en España, nombres como los del riojano D. Eduardo González Gallarza, D. Fernando Muñoz y Serrano del Castillo, D. Arturo del Agua, D. Alberto Martín Gamero, D. Fernando Herrero Tejedor y un largo etc. fueron frecuentes destinatarios de escritos que alternaban los agradecimientos por los favores conseguidos con la inclusión de nuevas solicitudes de ayuda para otros  proyectos.

               

Por fin, el día de San Mateo de 1957 se certifica la,

 

“…terminación de un conjunto de obras de gran trascendencia para la localidad… las que se dieron principio hace un trienio.”

 

               Habían sido tres largos años de obras permanentes en donde la desazón y la incertidumbre habían estado presentes constantemente. Sin embargo el objetivo se había conseguido. Llegaba, por tanto, el momento de las gratitudes.  El fervor religioso de aquellos hombres y de aquella época, queda palpable al considerar, en primer lugar,

 

…la intervención de nuestra excelsa Patrona la Virgen de Gracia que no nos ha abandonado en ningún momento.”

 

               Pero ese agradecimiento llega más lejos ya que es en esta fecha cuando, con la autorización eclesiástica,

 

“…se nombra Alcaldesa Perpetua a la excelsa Patrona Ntra Sra de Gracia, a cuyo fin, como símbolo de nombramiento se colocara en el altar donde tiene su sitial el bastón de mando correspondiente.”

 


Misa de fin de las obras

               Sin embargo no solo el agradecimiento es espiritual. También se hace extensivo a toda esa pléyade de políticos y diplomáticos que de una tacada se les nombra hijos adoptivos de Galilea por las deudas morales que el pueblo ha contraído con ellos.

 

 

La construcción del Grupo Escolar Fernández Larraín-Martín Gamero.

 

               En sesión ordinaria del Ayuntamiento correspondiente al 1 de abril de 1948 se plantea por primera vez la construcción de un grupo escolar ya que

 

“…como no han podido olvidar desde la visita que este pueblo hizo su hijo predilecto D. Sergio Fernández Larraín está en la mente de todos la construcción por cuenta del Estado de un edificio con su parque para grupo escolar donde instalar las escuelas municipales puesto que el inmueble –la parte alta del vetusto edificio del Ayuntamiento de entonces- donde se dan las clases no reúne condiciones pedagógicas ni capaces para la matrícula normal que exige la población.” 

 

 

               Les anima esta decisión el apoyo decidido que el Sr. Fernández Larraín, senador chileno les prometió ante el Ministerio de Educación Nacional y ante el Gobierno Civil de la Provincia de Logroño para

Discurso del embajadoor chileno Sergio Fernández Larraín.

 

“…orillar cuantos inconvenientes se presenten y acelerar toda tramitación para que, siendo el primer grupo escolar que se construye en la provincia se halle terminado para el próximo mes de septiembre, previa invitación para su inauguración al Sr. Fernández Larraín.”

 

               Días más tarde se reúne la Corporación Municipal, Junta Municipal de Educación Primaria, y Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos para buscar una fórmula de financiación que cubra el 25% del importe de las obras y el solar exigido por la Administración.

 

               Los miembros de la Hermandad Sindical ofrecen adelantar el dinero

 

                              “…hasta que el banco prestatario haga entrega del importe del crédito”,

 

dado que el Ayuntamiento no disponía de aquella cantidad.  Como el Ayuntamiento no dispone de un solar idóneo para la construcción deciden que el solar que más condiciones reune es

 

 “…la finca titulada La Hoya, propiedad de Doña Matilde del Tuero Olmedo, que vive en Madrid, y se acuerda que, por la presidencia, se dirija en atenta carta a dicha señora, y en representación de su esposo Don Arturo del Agua, pidiéndole en venta la finca o parte de ella.”

 

               Con fecha 19 de abril del mismo año se cursa una carta al señor Del Agua que contesta el día 30 diciendo que sobre dicha finca

 

               Desanimados por el resultado negativo obtenido “desde el punto de vista particular y amistoso que se pretendió”, al igual que lo recibe “nuestro párroco que se había dirigido en igual sentido de petición de venta del terreno”, el día 15 de mayo resuelven dar cuenta de sus actuaciones al Gobernador Civil y al Presidente de la Diputación para lo cual comisionan al entonces concejal Don Laureano Eguizábal a quien las autoridades le ofrecen toda clase de atenciones y el apoyo decidido para seguir adelante en sus propósitos.”

 


Grupo escolar "Fernández Larraín Martín Gamero"

               Poco a poco las posturas se van acercando y así en sesión ordinaria del día 1 de diciembre de 1948 el Ayuntamiento toma la firme decisión de construir el grupo escolar para lo que acuerdan encargar a los arquitectos don Rodrigo Poggio y don José Antonio Fernández Ruiz Clavijo la redacción del oportuno proyecto. Acuerdan también dirigir una carta a don Arturo del Agua

 

                              “…pidiendo precio en venta del solar ya citado.”

 

               Sin embargo no sería hasta el 31 de octubre de 1949 cuando doña Matilde del Tuero contesta a la carta enviada con fecha 30 de agosto del mismo año

 

“cifrando dicha oferta en 11.385 Pts, deseando reconozcan su justeza, dadas las circunstancias del caso.”

 

               Transcurren cuatro meses sin novedades dignas de reseñar.  El día 13 de febrero de 1950 el Ayuntamiento envía una nueva carta a don Arturo del Agua, contestando éste con fecha 16 del mismo mes e indicando que

 

“…si no hay novedad, llegaré a esa el próximo lunes, día 20, por la tarde en el autobús de Logroño rogándoles tengan todo preparado para ultimar el asunto.”

 

               Mientras, el Ayuntamiento se reúne en sesión ordinaria para tomar, entre otros, el acuerdo de aceptar de la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos la cantidad de 54.693 Pts correspondientes al 25% que el Municipio tiene que aportar para su construcción y el valor de los terrenos.

 

               Solucionados por fin todos los problemas con fecha 15 de noviembre de 1950 se saca a pública subasta la construcción de tan ansiado grupo escolar. La adjudicación recae en don Cecilio López, de Corera, que puja en la subasta hasta un importe de 143.200,90 pesetas, que es el valor definitivo de la construcción. Es edificado entre los años 1951 y 1952 sin que haya constancia escrita de interés sobre los pormenores de su construcción.

 

               El grupo escolar se inaugura en el mes de mayo de 1953 y para tal acto se convoca a sesión extraordinaria el día 8 de mayo acordando que

 

 “…debido al gran interés despertado por nuestro hijo predilecto Sergio Fernández Larraín, así como igualmente por nuestra primera autoridad provincial para llevar a feliz término la construcción del grupo escolar en este pueblo que tanto beneficio a de aportar a nuestros muchachos de hoy y del mañana comprendidos en edad escolar, por tal motivo propone que referido el grupo escolar debe llevar a perpetuidad la denominación de Fernández Larrain y Martín Gamero.  La corporación, por aclamación, acuerda aprobar la propuesta y en consecuencia que el indicado grupo escolar lleve la siguiente denominación: Grupo Escolar Fernández Larraín-Martín Gamero.”

 

 

 La instalación del teléfono.

 

Como muchos otros deseos que nunca llegaron a plasmarse en realidades, también el de la instalación de la red telefónica en nuestra localidad data de los primeros años de nuestro siglo.  La primera noticia que se tiene por el interés en este servicio, se remonta al día 12 de agosto de 1917.  En aquella fecha se recibe una carta enviada por

 


Placa del grupo escolar

“…los señores diputados provinciales en la que se exhorta a los pueblos a instalar la red Telefónica Nacional.”

 

 El Ayuntamiento y la junta municipal deciden reunirse  para tomar un acuerdo sobre tan interesante proposición.  Sin embargo, o el interés por comunicarnos con el exterior era más bien escaso o las dificultades económicas o de otra índole fueron insalvables ya que no se vuelve a incidir sobre este asunto nada menos que hasta el 3 de mayo de 1949.

 

En esta fecha, el alcalde remite una carta a don Arturo del Agua, mentor y consejero del Ayuntamiento a la vez que representante informal de los intereses de Galilea ante los diferentes organismos públicos en la capital del reino durante más de una década, para que le aconseje sobre la mejor forma de exponer sus deseos ante quien proceda.  Y así lo hace ante el señor Acedo Colunga, delegado del Gobierno en la C.T.N.E. quien con exquisita amabilidad le contesta arguyendo que

 

“…no es posible tomar en consideración tal solicitud ya que un gran número de peticiones de esta misma naturaleza, de poblaciones superiores a 1000 habitantes, están pendientes por la escasez de materiales que padece la C.T.N.E.”

 

A pesar de que Galilea sólo tenía entonces 521 habitantes,  el Sr. del Agua insta al Ayuntamiento de Galilea para que traslade la recomendación de solicitar oficialmente dicha petición aconsejando que lo haga en compañía de los otros dos municipios interesados, Corera y El Redal.  A finales de este mismo mes de mayo los tres municipios postulantes redactan un documento en la localidad de El Redal, como reconocimiento a la iniciativa de este Ayuntamiento, en el que recogen someramente las características geográficas e industriales de la comarca en la que se encuentran enclavados. En un arranque de exaltación religioso-patriótica informan que, en el centro de esta bendita tierra riojana, contiguos a la villa de Ausejo donde se halla instalada la más próxima linea telefónica, se encuentran linea recta, emplazados a una distancia de dos kilómetros cada uno, para un total de siete, aproximadamente, los pueblos de El Redal, Corera y Galilea.

 

El escrito seguía detallando la nómina de edificios industriales y agrícolas, para finalizar informando que también existía un cuartel de la Guardia Civil.  Hacía una reflexión final sobre la bondad de servicios como el demandado puesto que las

 

“…exigencias actuales de la vida moderna obligan al ciudadano a multiplicarse en sus actividades normales, considerando un factor principal para el desarrollo de las mismas el teléfono público”.

 

Desde  la localidad de Herce, donde veranea don Arturo del Agua, (su hermano Ricardo regentaba un molino de pienso y un trujal en la vecina Santa Eulalia Bajera) redacta una carta, en agosto de 1949, en la que les informa del acuse de recibo remitido por el delegado de gobierno en la C.T.N.E., de la petición remitida.  A la vez, prudente y diplomático, aconseja se dirijan al Gobernador Civil y al Presidente de la Diputación para que den cuenta del estado actual de las gestiones por si merecen su aprobación y estimable apoyo.  Como se ve, este ingeniero de la Comisaría de material Ferroviario, del Ministerio de Obras Públicas, era un hábil funcionario público, curtido en mil batallas y buen conocedor de los sutiles métodos que han de imperar en las relaciones con quienes únicamente con su firma tienen la facultad de dar o negar ilusiones.

 

 

Pasa medio año y de nuevo  remite una carta al alcalde en la que le detalla una serie de requisitos que tienen que hacer llegar a la sección comercial de la C.T.N.E. en la que, entre otras cosas se comprometen a: informar del número de kilómetros que deben cubrirse para dar el servicio; comprometerse a habilitar un local gratuito en cada pueblo para instalar en el mismo un teléfono sencillo, que ha de servir de centralita. Comprometerse los Ayuntamientos a facilitar, gratuitamente, la cantidad de hilo de cobre necesario para cubrir toda la distancia; y, por último, el compromiso escrito de los Ayuntamientos de sufragar, a partes iguales, el costo de la instalación del teléfono.


Inauguración religiosa del teléfono

A lo largo de 1950 da la impresión que las gestiones no prosperan mucho ya que los únicos movimientos que se registran son las dos cartas que el ingeniero ferroviario remite al alcalde en las que da cuenta de lo acontecido hasta aquella fecha.  El 24 de marzo le informa de la interesante conversación que mantiene

“…con una personalidad de Logroño en el viaje de regreso a Madrid de una visita realizada a la capital riojana,…”

y que gracias a sus informes pude hablar posteriormente con el gobernador civil sobre el grupo escolar pero además, y principalmente, sobre la instalación del teléfono.  Les daba cuenta también del interés que había demostrado el Ministro del Aire, D. Eduardo González Gallarza,

“…al que ustedes ya vieron en Logroño en una de las visitas a la capital.”

El 12 de noviembre envía una nueva carta a don Enrique Malo, inusualmente extensa, en la que le informa extraoficialmente  de la existencia de un proyecto por parte de Telefónica en el que obliga a los Ayuntamientos a abonar un canon de 10.000 Pts y 96 kilos de hilo de cobre.  Estas cantidades serían modificadas posteriormente.

Por fin, el día 24 de febrero de 1951 la C.T.N.E. solicita explícitamente las cantidades necesarias para comenzar la instalación: en pesetas 69.300; en hilo de cobre 810 kilos de 2 mm. de grosor.  Satisfecho el Sr. del Agua por haber plasmado en un proyecto lo que durante dos años había estado persiguiendo, cita al alcalde de Galilea el día 2 de julio, sobre la una de la tarde , en el café La Granja de Logroño.  Extrañamente el alcalde no acudió a la cita, y es el cura, don Alberto del Pozo, quien le sustituye y le traslada las condiciones que le ponen en Telefónica para la adquisición del material necesario.  En este estado de cosas, el alcalde convoca por medio de bando a todo el vecindario de Galilea a una reunión extraordinaria para

“…tratar sobre la conveniencia de instalar el servicio telefónico en la localidad y en su caso la forma de contribuir económicamente a los gastos que representan su instalación.”

En esta multitudinaria asamblea, el alcalde va dando cuenta de los pasos seguidos hasta entonces y de los obstáculos que ha tenido que ir sorteando para conseguir que los responsables del ente estatal accedieran a tan justa petición.  Les comunica también el acuerdo alcanzado con los municipios vecinos para soportar, proporcionalmente, el importe de la instalación, que partirá

“…desde el entronque de Tudelilla.”

El Ayuntamiento no tiene un duro en sus arcas por lo que el alcalde tiene que hacer uso de todos sus recursos oratorios para convencer a sus vecinos de que, hechas las  gestiones comerciales ante las diferentes empresas suministradoras de material, el único obstáculo que existe es el económico.  Su alocución dio los resultados esperados ya que, el instante, fue creada una comisión formada por el propio alcalde, además de Francisco Fernández, Graciano Díez, Florentino Fernández y Fausto Mangado.  Dicha comisión tenía como fin

“…estudiar y llevar a la práctica la forma de contribuir a los gastos causados y que se causen... “

para lo cual proponen  dos fórmulas harto conocidas y a las que con frecuencia se recurre: un préstamo hipotecario y una derrama entre los vecinos.  La comisión no se anda por las ramas a la hora de establecer los criterios para el cobro de las cuotas vecinales. El punto tercero de los acuerdos tomados señalaba que las cuotas quedaban aceptadas por adelantado por los firmantes, obligados a contribuir (es decir: casi todo el vecindario) haciéndolas efectivas en la cuantía y en el momento de ser exigidas.

 

Quince días más tarde, el 12 de octubre de 1951, para hacer oficiales aquellos acuerdos, se publica un edicto resaltando claramente las dos opciones que tenían los vecinos que aceptaban abonar la cuota aprobada con anterioridad: el pago íntegro de la misma; o, la quinta parte entonces, y el resto en cuatro años, y por semestres, con el interés que el banco prestatario perciba.  Ya advertía el bando que quien perdiera la vecindad perdería también las cantidades abonadas, pero quien las tuviera estaría obligado a satisfacer el prorrateo que se señalase.

 

El pueblo responde unánimemente y todos aportan la cuota que de acuerdo con su declaración de bienes le corresponde, quedando establecidos en cinco categorías que iban desde las 280 pesetas más alta hasta 60 la más baja.  La Hermandad Sindical aportaría 6000 pesetas.

 

La instalación  de los correspondientes postes telefónicos y enlaces de los hilos de cobre se efectúa a finales de 1953 y principios de 1954.  En noviembre de 1953, la delegación en Bilbao de la C.T.N.E. remite una carta al Ayuntamiento en la que da su conformidad a los locales ofrecidos

 

“…que son propiedad de don Dionisio Pastor. “

 

Salvado este último escollo ya no existe ningún impedimento para que los empleados de Telefónica prosigan su trabajo hasta finalizar totalmente la instalación.

 

  

Las obras finalizan en la primavera de 1954 y el 16 de septiembre son inauguradas, dándole al acto categoría de acontecimiento histórico. Asisten a este evento las personalidades del momento como eran: el gobernador civil, el delegado de Hacienda, el subjefe provincial del Movimiento (Fernando Muñoz y Serrano del Castillo), el delegado de la C.T.N.E. y algunos otros de menor rango.

 

La inauguración comienza en El Redal, a las once de la mañana, siguiendo en Corera, para finalizar en Galilea.  Es en nuestra localidad donde se les ofrece una comida de agradecimiento, pronunciándose a los postres elogiosas palabras. “…a la incesante labor del gobierno de Franco.”

  

Escenas de la vida cotidiana

 

                En alguna ocasión ya ha quedado escrito cómo se divertía la juventud de Galilea, en los pocos ratos de ocio que encontraban entre las duras jornadas de trabajo de sol a sol.  La bodega y el frontón eran dos lugares de visita obligada para los jóvenes, y no tan jóvenes, donde se charlaba animadamente, se bebía compulsivamente y en  muchos casos se jugaban los “cuartos” irresponsablemente. 

 

               Tres eran los lugares hacia donde nuestros paisanos dirigían los pasos en busca del buen vino, la frescura y la tranquilidad: las bodegas de El Cortijo, las de Vista Alegre y en menor medida, las de la Nevera. Allí pasaban largas horas hablando de todo, ilusionados con todo, pero sin esperanzas de nada. Con actitud fanfarrona sobre la calidad de su cosecha en relación a la de su vecino, con alabanzas hacía sus olivares y sus viñedos, sin reparar siquiera que sus métodos de cultivo estaban ya ampliamente superados. Pero no aspiraban a más. Así, eran felices. Así, pasaban los ratos que la climatología adversa les regalaba entre jornadas interminables de trabajo. O en las fiestas de guardar. O en las fiestas patronales. En cualquier caso, la bodega era el templo de nuestros antepasados.

              

               El otro lugar visitado frecuentemente era el frontón. Siempre antes que la bodega. Los partidos a media tarde congregaban a la mayoría de los hombres que, después de comer y haber consumido  en el bar su “completo”, se acercaban a sus aledaños para ver a quiénes iban a desafiar y quiénes habrían de pagar la apuesta y “las cuerdas”.

 

               Nada mejor que  un párrafo de un discurso del alcalde del año 1974 para ilustrar fielmente las actividades que se desarrollan en el frontón. Decía,

 

“…aquí se celebran todos los acontecimientos: bailes, comedias, pero sobre todo, partidos de pelota, pues Galilea ha sido y es cuna de buenos pelotaris. Entre los muchos partidos que podría mencionar, hay uno, que allá por los años veinte, un día de labor, el pueblo estaba lleno de público, venidos a pie o en caballerías, (entonces no había coches). Jugaban el campeón provincial que era Corono de Bolinches, de Albelda y una pareja de Galilea. El desafío eran 1.000 Pts, venciendo los de Galilea…

 

               Pero no solamente con el vino y la pelota se divertían las gentes de nuestro pueblo. Durante mucho tiempo, el cinematógrafo formó parte indisoluble del divertimento de nuestros vecinos. Generalmente, a la salida de misa mayor, ya había sido colocada la pizarra anunciadora de la película que iba a ser proyectada, a primeras horas de la tarde. Las fotografías sobre cartones, con agujeros en sus vértices para permitir su fijación a la pared, acompañaban a aquella pizarra ilustrada con tizas de colorines cuya calidad artística no desmerecía en nada a los cartones promocionales. Aquellos reclamos publicitarios, colocados en una de las casas cercanas a la plaza pública, hacían trasladarse, a quienes los contemplaban, a un mundo onírico que en aquellos años solamente se podía acceder de esa manera: soñando.  Aquella exposición de cartelería preludiaba, independientemente del título o la temática de la película, una tarde diferente a las rutinarias jornadas de trabajo, expuestas a las condiciones inclementes del tiempo.

 

               Las cuatro y pico de la tarde solía ser la hora de comienzo.  Para entonces la chavalería, en los bancos corridos de las primeras filas, y el resto sentados en sillas de tijera o en asientos portátiles  traídos desde sus casas, llenaban, en el mejor de los casos, la planta baja del Ayuntamiento.  Un viejo proyector manejado por Carmelo Alegre, reflejaba los fotogramas, siempre rayados y  a veces distorsionados, de la película del día, en un recuadro pintado al efecto en la pared frontal, sin que la mala calidad de la imagen y el sonido de la copia emitida, hicieran mella en los sufridos parroquianos.  La gente se hacía cruces cómo el chorro de imagen proyectada podía librar la enorme columna que se interponía entre la cabina de proyección y la pared proyectada.  Pero, libraba sin problemas. De vez en cuando, la proyección sufría un súbito corte. Silbidos, pataleos, imprecaciones, todo daba igual. La luminaria dirigida hacía el rollo del celuloide era demasiado intensa y lo quemaba. La luz se hacía en la sala, y en la cabina de proyección comenzaba un trabajo de reparación cuya duración, a los cabreados espectadores, les parecía un siglo. Arreglado el desaguisado, la función proseguía entre los ruidosos comentarios de la chiquillería allí congregada.

 

                              Son las siete y pico de la tarde. La película ha terminado. Se desmonta el proyector, y los rollos de película son introducidos en sus cilindros protectores de aluminio y estos, a su vez, en sendos sacos de lino. Todo ello se baja de la cabina, se coloca sobre una  moto “Guzzi”, se atan con cuerdas y se emprende camino hacía Corera. Y una vez allí, vuelta a empezar.

 

               Contemplado este relato desde la atalaya de los años noventa sólo nos puede producir nostalgia y cariño por aquellos tiempos pasados. Como ocurrió en todas partes, la llegada de la televisión hizo que la proyección de películas en las tardes dominicales no fueran rentables. Poco a poco los ánimos de sus promotores fueron decayendo hasta llegar a suspender esta forma de diversión que, sin duda, dejo huella en aquellas generaciones de los años cincuenta. Llegó la televisión, pero nadie anunciaba sus películas en una pizarra negra con tizas de colores con las que los chavales se ponían las caras como auténticos cernícalos. Ya no se volvería a reunir la gente como lo venía haciendo. Los días  de los domingos nunca volverían a ser igual. La televisión, entonces como ahora, lo hecho todo a perder.