LA MODERNIDAD DE LOS AÑOS SESENTA

 

            La década de los años 60, principalmente en su último tramo, es una década de cambios, de alegría, de expectativas hacia el futuro. Son años de apertura, de huida del oscurantismo imperante, hacia posiciones mas abiertas, y aunque estos cambios son mínimos e imperceptibles, algo hay en el ambiente que refleja que las cosas ya no son como antes. Son tiempos en los que el incipiente turismo interior empieza a manifestarse, incluso también en Galilea. Invariablemente, cada verano, acuden gentes, sobre todo del norte de la península, que ayudan a cambiar un poco las formas y comportamientos de los aborígenes. Son los años del “600”;  de la minifalda; de los pelos largos. En fin son los años de la década prodigiosa.

 

La piscina en sus orígenes

  En nuestra localidad esta década está marcada por dos hechos que habrían de influir de manera importante en el acontecer diario de sus vecinos, pero principalmente de su juventud. Por un lado la construcción de la piscina municipal, hito importante en la historia de Galilea por cuanto representó y sigue representado; y por otro la demolición del antiguo frontón municipal, ubicado en la actual plaza pública, construido en el siglo XIX, reconstruido y ampliado en el año 1944, vuelto a reparar en 1955 y definitivamente demolido en el año 1969. Con él murió también parte de  la gran afición a la pelota que existía en  este pueblo.

  

Construcción de una piscina municipal.

 Corría el año 1964 cuando con motivo de tener concedido un premio por el embellecimiento del pueblo, acude a Galilea quien fue largo tiempo presidente de la Diputación Provincial de Logroño, D. Carlos Bonet, que, según el alcalde, le dice al oído que le habían hablado de hacer una piscina,

 

                           “…si tienes el solar haz el anteproyecto se presenta rápido y se le comunica al hijo adoptivo D. Eduardo González Gallarza.”

  

               Es así como el 20 de noviembre de 1964 la exigua Corporación que componen el Concejo de Galilea acuerda, por unanimidad, iniciara los trámites pertinentes para construir una piscina con solarium en los terrenos que ocupaba el antiguo huerto del maestro. 

 

No fueron rápidos los comienzos ya que cuatro meses después, el 30 de marzo de 1965, nuevamente se reúne el pleno  para seguir

La piscina en los años setenta

debatiendo este tema en los términos que siguen:

 

“...seguidamente se manifiesta a los concurrentes la conveniencia de construir una piscina con solarium y servicios anejos con destino a su utilización por las juventudes, desde el punto de vista deportivo. “

 

 Justifican su construcción alegando que

 

 “…la piscina es sumamente necesaria, teniendo en cuenta los veraneantes que concurren a esta localidad, por contar con abundantes aguas del manantial, sito en el término de los aguazales y encontrarse este pueblo en las mejores condiciones de agua potable, pavimentación, etc.”

 

El acta sigue diciendo:

 

“... esta Corporación municipal acuerda la aportación del 50% de dichas obras"

 

Y subraya:

“... disponiendo de dicho porcentaje.”

 

               Lo más importante ya estaba hecho: tomar la firme resolución de construir la piscina.  Para entonces el alcalde ya ha encargado la realización de un anteproyecto al arquitecto D. Félix del Valle.  Este anteproyecto, que lleva fecha de marzo de 1965, difiere sustancialmente del proyecto definitivo que presentaría él mismo, un año más tarde.  Entre las diferencias más significativas  hay que resaltar que la entrada al recinto sería por el extremo S.E., es decir, por la parte del muro perimetral donde durante mucho tiempo estuvieron situados los columpios.  El bar, al contrario de donde siempre estuvo, lo situaba en la entrada al recinto.  En cuanto al presupuesto que reflejaba, -700.000 Pts- era la mitad del que luego resultó.  El resto, -dimensiones del vaso, localización de lo que fueron las cabinas, zona de hierba, etc.- no sufrió alteración alguna.

 

               Tomando como referencia este anteproyecto, las obras dan comienzo, aproximadamente, en septiembre de 1965.  Para entonces el pleno del Ayuntamiento ya había acordado el re­partimiento de las veredas anuales a los vecinos que tuvieran la obligación de realizarlas.  En aquel pleno se decía,

 

 “...igualmente se acordó el girar las (veredas) de transporte con relación a la construcción de la piscina municipal, de tractores, carros, y caballerías, con arreglo al número de veredas que se indican en la ordenanza.”

 

               Hasta el huerto del maes­tro acuden diariamente nuestros vecinos aportando lo que cada uno posee: sus máquinas, sus caballerías sus brazos, ...su ilusión.  Todos cumpliendo con una obligación municipal: las veredas.  Algunos empleándosen como asalariados a razón de 125 Pts el jornal.  La primera nómina de estos jornaleros da comienzo en septiembre de 1965; la última en di­ciembre del siguiente año.  En esta relación hay algunos que en la actualidad peinan canas; otros, desgraciadamente, ya han desaparecido. Por su ilusión, por su trabajo, por su generosidad, el pueblo estará siempre en deuda con ellos.

 

              

 

Inauguración

 Sin embargo no todo fueron facilidades puesto que el 10 de diciembre de 1965 el pleno del Ayuntamiento se reúne nuevamente y acuerda 

                             

  “... finalizar los trabajos para, el próximo mes, poner la misma en funcionamiento.”

 

                A pesar de sus grandes deseos de ver finalizados las obras éstas no darían conclusión hasta bien entrado el año 1967.  Pero esto no es obstáculo para que el 9 de agosto de 1966 se publique el primer pliego de condiciones para

 

 “…el arriendo en subas­ta pública de la administración y explotación del bar de la piscina municipal. “

 

               La subasta, exclusivamente para la temporada de verano de 1966, se celebra el día 11 de agosto, a las diez de la noche.  En ese momento empieza su larga andadura hasta llegar a nuestros días.

 

 

Financiación de las obras.

 

               El anteproyecto que el arquitecto D. Félix del Valle presentó a la Corporación en el mes de marzo de 1965 presupuestaba, para el total de la obra, 700.000 Pts.  En esa cantidad ya estaban incluidos los impuestos y el beneficio industrial del constructor.  En diciembre del mismo año el presupuesto es modificado y su cuantía asciende a 801.811 Pts.  Meses más tarde, al obligarles por ley la inclusión de una depuradora, este segundo presupuesto reformado alcanza el millón y cuarto de pesetas.  Pero no se para aquí, ya que poco después hay que incrementar la cantidad de 50.000 Pts ya que

 

                              “…el tejado del bar y de las cabinas ha desaparecido en un día huracanado.”

 

               El proyecto en firme, de junio de 1966, contempla una inversión que a la postre fue la definitiva: 1.500.000 Pts. Este montante, desarrollado por grandes partidas, quedaba de esta manera: coste de las obras: 1.416.048 Pts;  honorarios del arquitecto: 36.570; del apa­rejador, 21.942; de la administración local, 15.440; imprevistos, 10.000.  En estos desem­bolsos ya se incluía la cantidad de 33.364 Pts correspondientes al desvío de la línea de alta tensión que atravesaba, de norte a sur, por encima de la piscina.

              

               Para financiar estas cantidades se recurre, como siempre, a la ayuda de los diferentes or­ganismos públicos que, de una u otra manera, tengan alguna relación con la obra a

 

La piscina en los años setenta

 construir.  Se acude a la Delegación Nacional de E. Física y Deportes; a la Diputación Provincial; al Plan de Cooperación de Obras y Servicios Regionales, etc.  Pero muchas ve­ces el deseo no se corresponde con los hechos.  La Delegación Nacional de Deportes, de la que se pretendían 600.000 Pts, subvenciona esta obra con  480.000 .  Con la Diputación Provincial pasa algo parecido: de las 220.000 Pts que se esperaban, al final sólo conceden 50.000.  No hubo más subvenciones oficiales.  Apenas un tercio del total de las obras.  El resto fue aportado, directa o indirectamente por todos los vecinos de Galilea.

 

               La denominada prestación personal la cuantificaron en 317.000 Pts.  Esta partida incluida en el capítulo de impuestos directos, reflejaba la valoración económica del trabajo realizado por los vecinos afectados por la ordenanza municipal  que les obligaba a aportar su trabajo personal para ciertas obras de titularidad pública.  Por otra parte hubo varios vecinos que fueron contratados temporalmente, y que con un jornal de 150 pesetas al día contribuyeron a realizar este ansiado proyecto.

 

               Otra de las aportaciones indirectas del pueblo de Galilea fue la subvención concedida por la antigua Hermandad Sindical de Labradores.  Esta entidad, que siempre contó con un saneado activo, concedió, a fondo perdido, la cantidad nada despreciable de 53.000 Pts.  Pero a pesar de estas subvenciones y aportaciones las cuentas no cuadraban.  Faltaban todavía 600.00 Pts.  Y no había dónde conseguirlas.  En consecuencia no quedaba más remedio que acudir al endeudamiento a través de un préstamo hipotecario solicitado al Banco de Crédito Local, al 5,25% de interés y a 20 años de amortización.  Por fin, el 15 de mayo de 1967 se inaugura, oficialmente, nuestra piscina municipal.

 

 

 

Frontón de la plaza

La demolición del histórico frontón

 

               No existe mucha información que haga referencia a esta triste pero necesaria decisión. Cuentan las crónicas que con fecha 11 de abril de 1969 la situación peligrosa y de inminente ruina que amenazaba este recinto deportivo aconsejaba su demolición. Así se ejecutó inmediatamente procediendo a su derribo integral con lo que la fisonomía de la plaza pública cambió radicalmente.  Durante varios años el solar resultante de su demolición quedó totalmente desangelado sin que ni siquiera su cerramiento con alambres, arbustos y ramajes secos a modo de barrera infranqueable para curiosos, y morosos en periodo de fiestas, alegrara su semblante. En algún documento se hace referencia del anhelo del alcalde por levantar un nuevo recinto deportivo en otro lugar del pueblo. Pero las dificultades financieras imperantes en aquellos momentos no se lo permitieron. Fue una espina que nunca se pudo sacar.