Finalizan los trabajos de restauración del retablo de la capilla de El Pilar

Afortunadamente se llegó a tiempo.  Pero si su intervención se hubiese demorado unos meses más, posiblemente este extraordinario retablo barroco del siglo XVIII, hubiese sufrido tan grave daño en su estructura arquitectónica que, a buen seguro, su recuperación integral hubiera sido muy difícil. Conscientes de estas urgencias, los regidores municipales asumieron como prioridad inaplazable la rápida restauración de este bien eclesiástico elaborando el preceptivo expediente informativo y trasladándolo a la Consejería de Cultura,  para intentar conseguir la necesaria subvención económica con la que poder iniciar los trabajos rehabilitadores en el menor tiempo posible. Aunque su aprobación no fue tan inmediata como su estado de conservación exigía, finalmente, a finales del pasado año 2006, el citado organismo autónomo concedió una subvención por un importe de 36.400 € de los 51.000€ en los que estaba valorada su restauración integral.

 

Eliminación del muro posterior

Inmediatamente, por tanto, se iniciaron los expedientes de contratación de la obra, adjudicando los trabajos a la empresa de restauración ARA, de Albelda de Iregua, cuyos miembros han estado trabajando en dicho retablo casi todo el primer semestre del presente año 2007. Su trabajo ha sido arduo y meticuloso, abordando de manera integral la limpieza, recomposición y eliminación de elementos perjudiciales que a lo largo de sus 300 años de vida se habían ido depositando  en los diferentes bloques que componen esta magnífica obra de arte. Asimismo, los restauradores tuvieron que contactar con otras empresas auxiliares encargadas de la eliminación de termitas y carcomas que, literalmente, se estaban comiendo el retablo. Por último, hubo necesidad de derribar un tabique trasero, que soportaba el cuerpo integral del retablo, que con toda la buena intención del mundo, pero en mala hora, levantaron nuestros antepasados, posiblemente a comienzos del pasado siglo.

 

Dada la importancia de la intervención, creo que es conveniente trasladar a esta página informativa, algunos extractos del informe que las restauradoras emitieron a los diferentes organismos implicados en su financiación sobre el completo y definitivo trabajo que efectuaron en el elemento más valioso de la Capilla del Pilar. Dicen, entre otras cosas, que:

 

 El daño de mayor consideración apreciable era el que afectaba a la estructura arquitectónica del retablo, causando inestabilidad en dicha estructura y grave riesgo de desplome. Los factores que influyeron en este proceso de degradación fueron: el levantamiento de un muro posterior de ladrillo, y el ataque de insectos xilófagos

 

Sobre el daño que estos traicioneros insectos estaban produciendo al retablo, continúan diciendo:

 

Los daños tan serios que provocan no se detectan a simple vista, ya que sus galerías quedan siempre protegidas de la luz por una fina lámina de madera, o por la propia policromía. A esto hay que añadir la nula visión de la estructura posterior del retablo por el muro adosado a él.

 

El diagnóstico que efectuaban sobre su estado de conservación era sumamente preocupante.

 

…por consiguiente el retablo se encontraba en un estado precario de sustentación, al estar debilitado, el sistema constructivo el reparto de fuerzas y cargas ya no es el correcto, causando la pérdida de eficacia de los puntos de unión que soportan las cargas más pesadas y reventando las propias piezas, hasta llegar a deformarse con el paso del tiempo y los movimientos sufridos, de forma irreversible.

 

Las restauradoras, en su completo y extenso informe de 45 páginas, hacen mención a las intervenciones sufridas en tiempos pasados, todas ellas sin duda, con la mejor voluntad e inteción pero con unas consecuencias muy negativas para la integridad de su estructura. Informan de que,

 

La obra no ha sufrido a lo largo de su historia intervenciones de gran envergadura, pero sí algunas de carácter menor que han incidido negativamente sobre su conservación, por ejemplo:

 

- Limpiezas superficiales que han provocado una abrasión de la superficie policromada, erosionando la fina película dorada dejando entrever la preparación de bol inferior, incluso en zonas del banco el estrato de imprimación.

 

- Colocación de elementos metálicos innecesarios que con el paso del tiempo se han ido oxidando.

 

- “Consolidación” de zonas debilitadas (por ejemplo:. peana de la Virgen) con cola blanca, uso de siliconas y espuma de poliuretano para adhesión de piezas rotas o desprendidas.

 

- Repintado de zonas puntuales con purpurinas, y pintura empleada en los paramentos del edificio.

 

- Dorados muy deteriorados por desgaste, y pulverulencia del mismo debido a la baja calidad del propio material,

Detalle del altar antes y después de la eliminación de la suciedad

 

- Oxidación irreversible de los panes de plata,

 

- Acumulación de suciedad, polvo y restos de diversa procedencia, en la parte trasera del retablo de forma más abundante.

 

- Relleno de la junta vertical de unión entre el altar y el retablo con mortero recubriendo parte de policromía original, colocación de un zócalo de madera nuevo en la parte inferior de la mesa, y barnizado de la misma aplicando una gruesa capa de barniz actualmente oxidado que distorsiona por completo la tonalidad original.

 

Ante este panorama nada halagüeño, era el momento de ponerse a trabajar. Para conseguir los mejores resultados se decide que hay que desmontar el retablo. La metodología seguida es la siguiente:

 

Para la correcta realización de los trabajos se acondicionó dentro de la Iglesia un espacio dotado de la infraestructura necesaria para cumplir las funciones de taller y almacén.

 

Se instaló un andamio modular prefabricado en acero inoxidable galvanizado, que cubría toda la superficie del retablo, y salvaba la pila bautismal protegiéndola a su vez.

 

Previo al desmontaje se procedió a realizar un barrido fotográfico de la obra incidiendo en las zonas más deterioradas. Se tomaron referencias y registro de niveles con el fin de mantener la ubicación posterior de todos los elementos.

 

En primer lugar se retiraron todos los fragmentos y piezas en peligro de desprendimiento, además de las figuras de los ángeles y la Virgen. Finalmente se optó por no desmontar la parte de los sagrarios dada su estabilidad y buen estado estructural.

 

Una vez concluido el desmontaje, el Ayuntamiento de Galilea se encargó de la demolición del muro posterior, dado el carácter innecesario del mismo. También se retiraron las vigas trasversales de madera de la estructura, ya que estaban muy dañadas por el ataque de las termitas.

 

Una vez desmontado el retablo, comienza el trabajo propio de restauración, que se divide en varios apartados, cada uno de ellos abordado de manera individual, dado el grado de especialización exigible, motivado por la fragilidad de los elementos a tratar. 

 

El altar, en todo su esplendor.

Fijación y sentado. Previamente a los trabajos de fijación y sentado se realizó de nuevo una limpieza de polvo y adherencias. Se inyectó cola animal, con tensoactivo y funguicida, y ejerció presión sobre las lascas para devolverlas a su posición correcta

 

Limpieza químico-mecánica. Las operaciones de limpieza se basaron en los resultados de los análisis químicos, y en el tratamiento individualizado y puntual de cada uno de los elementos constitutivos del retablo, mediante la acción conjunta de mezclas de disolventes orgánicos y procedimientos mecánicos.

 

Reintegración cromática. Diferenciaremos tres tipos de actuación:

 

            - Entonado de las faltas debidas a la erosión o desgaste de los dorados, que resultaban molestas visualmente, con veladuras de acuarela.

 

-Entonado en primer lugar con tinta plana a base de témpera, de las zonas reintegrada volumétricamente a base de resina epoxídica, y posterior “tratteggio” con acuarelas.

 

- A las maderas nuevas empleadas en la reintegración volumétrica que desentonaban, se les aplicó un tinte-lasur hasta conseguir un cierto mimetismo, consiguiendo a su vez una protección de las mismas.

 

Todas estas actuaciones, lentas y delicadas, ocuparon a las restauradoras bastante más de un trimestre. Durante ese tiempo, la parte del bajo-coro de la iglesia ejerció de taller restaurador. A pesar del incordio que esto pudo representar para el culto, era el mejor lugar elegido por la proximidad a la capilla, estando además alejado del cuerpo principal de la iglesia. La finalización de estos trabajos, coinciden con el comienzo del verano, que es cuando se procede al montaje de las piezas restauradas en su lugar original. Comienza, por tanto, esta especie de “puzzle” arquitectónico no exento de dificultades dado que, sus soportes primitivos se han hecho desaparecer en su totalidad. La empresa ARA concluye su informe técnico, diciendo:

 

Visto el estado de la estructura portante del retablo, se optó por su completa sustitución, empleando madera laminada con las ventajas que ello implica en relación a la estabilidad dimensional, control de su respuesta a cargas y esfuerzos, y óptima respuesta a posibles ataques futuros de hongos e insectos xilófagos.

Puerta lateral izda., restaurada

 

Siguiendo el mismo sistema original, se empotraron en el muro las tres vigas nuevas en sentido horizontal, a las cuales se fue afianzando el entablamento correspondiente mediante tornillería inoxidable. De esta manera permitimos el movimiento de cada cuerpo por separado, evitando el desequilibrio de fuerzas y la sobrecarga de los cuerpos inferiores.

 

Para afianzar la parte superior del ático y eliminar toda tendencia al vuelco, se colocaron unos tensores desde el trasdós del retablo a la viga correspondiente. Igualmente, y dado el peso de las ménsulas se colocaron también sendos tensores que evitaran cualquier posible movimiento de las mismas, fijando el entablamento del banco a la viga inferior.

 

Poco antes del comienzo de las fiestas de la Virgen de la Ascensión y San Roque del año 2007, el retablo estaba colocado en el lugar en que venía estándolo desde hacía tres centurias. Ha quedado limpio y esplendoroso como su categoría merece. Lástima que una descomunal pila bautismal colocada frente a él, impida contemplarlo íntegramente, tapando parte de los elementos más esclarecidos del mismo, como pueda ser la parte frontal de su policromado altar. Lo que no se podrá contemplar  nunca, muy a nuestro pesar, son los cuatro ángeles niño desaparecidos de sus peanas con posterioridad a los años setenta del pasado siglo y cuyo paradero actual se desconoce.

 

A buen seguro que el arquitecto José Ramírez, el escultor Juan Félix de Camporredondo el pintor José Morales y su ayudante Bernardo de Alesón, artistas que crearon esta admirable obra barroca, estrían conformes con el resultado final. Pero mucho más satisfecho estaría el inquisidor Juan José de Tejada, verdadero artífice de la Capilla del Pilar, y en la que tanto dinero e interés puso en su construcción, en los comienzos del setecientos. Y que, por cierto, próximamente su biografía se verá ampliada  de forma muy significativa, con nuevos datos investigados de su extensa vida de jurista, canónigo, vicario, provisor episcopal e inquisidor, pero sobre todo de su influencia como miembro destacado de la Suprema, en los albores del ya lejano siglo XVIII.