REGLA DE LA COFRADÍA DE LA VIRGEN DEL ROSARIO
 

 La cofradía de Nuestra Señora del Rosario se creó debido al fervor que nuestros antepasados profesaron a la Virgen de este nombre, cuya capilla o altar se sitúa en el lado izquierdo del crucero de nuestra iglesia parroquial. Su existencia perduró hasta bien avanzado el siglo XX. Esta es la trascripción literal de la Regla y Ordenanzas de dicha cofradía:

 

Virgen del Rosario

Regla y Ordenanzas de la Cofradía y Hermandad de los cofrades de Nuestra Señora del Rosario del lugar de Galilea, a honra y resurrección de la Santísima Reina de los ángeles Madre de Dios y abogada nuestra. Confirmada a veintiséis días de marzo del año mil quinientos setenta y seis.

 

Natural devoción nos obliga, y debido al acatamiento constante que a Dios debemos tener, servir y amar, porque es principio, medio y fin de las cosas y sin Él ninguna cosa puede ser hecha.  Porque por sola su presencia, sabiduría, bondad y clemencia, todas las cosas son hechas, gobernadas y mantenidas.  Y todo hombre, que alguna buena obra ha de comenzar, primeramente y ante todo, ha de invocar y llamar a Dios, rogándole y pidiéndole por merced, saber, buena voluntad y poder, para que la pueda bien acabar. Y porque no se hallare nada entre los hombres, que no consista en perpetuo movimiento.

 

  toda carne naturalmente es obligada a fin de la muerte, pues en la entrada de la vida y valle de lágrimas, todos somos iguales y la experiencia nos lo enseña manifestándonos que todo cuanto en esta vida breve y caduca, floreciere en pequeño rincón de maldad, son recogidos y encerrados.

 

 Y la muerte, a todas las pompas, riquezas y honras mundanas pone término, y es espejo de todos los estados mundanos. Y pues tenemos por ley universal este nacer y morir, y el ser un fantasma del tiempo, un  siervo de la muerte, un peregrino que pasa, un huésped del camino, morada de poco tiempo,  todas estas cosas nos convidan y mueven para que todos nosotros, los cofrades de esta santa cofradía de Nuestra Señora del Rosario y demás hermandades, unidos y condenados en santa y buena hermandad, en servicio de Dios y de su gloriosísima Madre, a quien tenemos por guiadora y abogada, ordenamos la regla y los capítulos siguientes:

 

Primeramente ordenamos que todos los que hubieren de ser cofrades de esta cofradía, sean católicos y buenos cristianos y voluntad de todos los cofrades y de la mayor parte de ellos, para lo que en dicha cofradía se tratare sea a honra y servicio de Dios y de su bendita Madre.

 

Item, ordenamos que en dicha cofradía haya un Abad, el que pareciere a la mayor parte del cabildo, y que sea de los cofrades clérigos del pueblo, si los hubiera, y si no los hubiera, el que a la mayor parte del cabildo pareciere. Y que dicho Abad tenga el oficio todo el tiempo que el cabildo y cofrades les paresciere, no habiendo ningún impedimento de por medio y sea obligado a leer y declarar la regla y capítulos de ella, e instruirles y decirles a lo que están obligados a hacer, y decir las misas de dicha cofradía, pagándole la limosna acostumbrada. (Esta sea de un real).

 

Item, ordenamos que en las cuatro más importantes fiestas de nuestra Señora que son Natividad, Purificación, Asunción y Ascensión se digan cuatro misas rezadas en su misma capilla con los cofrades, y al día siguiente, habiendo lugar, se digan otras cuatro misas cantadas de Réquiem por los hermanos difuntos.  A las cuales dichas misas los cofrades se hallen presentes, a lo menos al evangelio, so pena de pagar doce maravedís[1] para los gastos de dicha cofradía; y para estas misas cada cofrade ofrezca una blanca.[2]

 

Item, ordenamos que cada cofrade está obligado a rezar un rosario por cada cofrade difunto y decir por todos ellos una misa rezada.

 

Item, ordenamos que el día de la Asunción de Nuestra Señora que es una de las festividades arriba dichas, por ser la vocación y fiesta de nuestra ermita, todos los cofrades sean obligados a estar en misa, la víspera de la fiesta, fiesta y a la procesión, so pena de catorce maravedís.

 

Item, ordenamos que en dicho día de la Asunción de nuestra Señora se nombre un alcalde y dos mayordomos. El alcalde y mayordomo de los cofrades de comida para los que tengan derecho a la comida y reclamar al cabildo. El mayordomo se nombre de todos así como de la comida como de los otros. Al que lo mereciere y más convenga para que tenga cuenta con las cosas de la ermita, así de su ornato como de sus cuentas de limosna.

 

Item, ordenamos que el alcalde y mayordomo que fueran de comida, están obligados a dedicar ese dicho día una comida y cena, como vieren que más conviene al servicio de Dios y provecho nuestro. Y porque dicho alcalde y mayordomo han de estar ocupados en la comida, no están obligados a pagar la pena aunque no estén a la misa, vísperas y procesión.

 

Item, ordenamos que todos los hermanos que fueran de esta cofradía se asienten en este libro (o en otro cualquiera que para este efecto estuviere), por mano del señor Abad so pena de no ser cofrade que para ello le informase muchas veces y están obligados a guardar dichos capítulos y ordenanzas.

 

Item, ordenamos que en la comida nadie sea obligado a llamar ni convidar persona alguna, si no fuere habiendo dado parte al cabildo y consintiendo todos, o la mayor parte, so pena de cuatro reales.

 

Item, ordenamos que ninguno de los hermanos que fuere de comida se levante de la mesa sin pagar el escote, o al menos sin licencia del alcalde y mayordomo, so pena de escote obligado.

 

Item, ordenamos que cada año, este día de la comida se presenten cuatro personas con el Abad el alcalde y mayordomos, para que tomen las cuentas de cada uno, y rentas, y provechos de dicha ermita y cofradía y cuentas de gasto, para que no sea necesario juntar cabildo general.

 

Item, ordenamos que cuando algún cofrade muriere, todos los hermanos cofrades sean obligados a acompañarlo y enterrarlo, so pena de doce maravedís.  Y para llevarlo y enterrarlo se marquen cuatro cirios o hachas de cuatro libras cada una, para que con más honra hubiese para dicho cofrade difunto, y sus herederos sean obligados a pagar cuatro reales para el gasto de la dicha cera; y si dicho difunto hiciere alguna manda a la ermita, (no confiaría deudas de más de cuatro reales), no pague ninguna cosa, y si alguno que no fuere cofrade, se encomendare a la dicha cofradía y sean todos los cofrades a correr con dicha pompa, mandando lo que sea justo ( o pagando lo que el Abad y mayordomo le pareciere justo.)

 

Item, ordenamos que para la misa y procesión de la dicha Asunción de Nuestra Señora y para las demás misas de las otras festividades se traigan dos velas de a libra cada una y se paguen de los provechos de la cofradía y si no las hubiere se reparta entre los cofrades.

 

Item, que lo  que entre los hermanos se entendiese haber diferencias y disenciones, que el Abad y mayordomo los hagan amigos, poniéndoles penas que no vayan en disención ni diferencias.

 

Item, ordenamos que ningún hermano en la mesa sea osado a tratar ni pactar negocios profanos, y si los tratase, y el Abad le mandare que calle, y no lo hiciere, pague el escote doblado y sea echado de la mesa y acusado como descortés.

 

Item, ordenamos que ningún cofrade de comida falte a la dicha comida sin justa causa, y pidiéndolo al Abad y mayordomos so pena de escote doblado, y que ninguno se pueda salir de la cofradía sin que, dicha causa hubiere, so pena de cuatro reales.

 

 

 

COMIENZA LIBRO NUEVO DE LA COFRADÍA DE SANTÍSIMO ROSARIO FUNDADA EN EL LUGAR DE GALILEA EL AÑO 1576 Y PROSIGUE ESTE AÑO DE 1728.

El maestro Agustín de Eslava, prior de este Convento de Balbuena, extramuros de la ciudad de Logroño  a honra y gloria de Dios todopoderoso y de la Reina de los ángeles, Virgen Santísima, y de nuestro glorioso y patriarca Santo Domingo, confirmo la cofradía el Santísimo Rosario, legítimamente fundada por mis antecesores, en la iglesia parroquial de nuestro señor San Vicente Mártir, en el altar señalado de Nuestra Señora del Rosario, de esta iglesia del lugar de Galilea, de este obispado de Calahorra. Con todas las gracias, jubileos e indulgencias que los sumos pontífices le han concedido y nuevamente le han confirmado este año pasado de 1727, nuestro Papa Benedicto nueve, de feliz memoria y en virtud de la autoridad que las bulas pontificias me conceden para nombrar Abad de dicha cofradía, nombro por Abad y capellán a:

 

 Francisco Fernández Cenzano,

 

 presbítero y capellán de las cofradías que en dicho lugar fundó  señor inquisidor de la Suprema, D. Juan José de Tejada, a quien doy toda mi autoridad para que pueda escribir cofrades, así vivos como difuntos, bendecir rosarios, candelas, así como publicar las indulgencias y jubileos del Rosario, explicar sus misterios, explicar sus milagros y nombrar mayordomos en conformidad con la Regla; que cuiden del servicio y limpieza de la imagen, capilla y altar, y responder por los cofrades a todos los escritos en este libro; y le encargo mucho promueva delante de Nuestra Señora y su Santísimo Rosario, como cosa tan importante para el beneficio de las almas, y que una vez cada año remita este libro para que el prelado de este convento confirme lo que esté escrito y los cofrades que se hayan escrito, y en caso de que falte el capellán, ahora por mí nombrado, se haga saber a este convento, para hacer nuevo nombramiento.

 

Y en fe de lo cual lo firmo, en este convento de Balbuena, a nueve de abril de mil setecientos y veinte.

 

 

 

  


[1]  Moneda antigua, de menos valor que la blanca.

[2]  Moneda antigua de vellón, que según los tiempos tuvo diferentes valores