LA IGLESIA PARROQUIAL DE SAN VICENTE MÁRTIR

Panorámica del interior de la iglesia

 

    La iglesia parroquial de San Vicente parece comenzada a construir en la primera mitad de XVI terminándose la nave a finales de ese siglo o comienzos del siguiente. Se trata de un edificio de sillería, mampostería y ladrillo de una nave de tres tramos crucero y cabecera ochavada en tres paños cubierta con crucería estrellada con combados curvos  y terceletes sobre arcos de medio punto y pilares redondos adosados, y ménsulas. Los brazos del crucero se cubren con cañón.  A los pies hay un coro alto sobre crucería estrellada. En el primer tramo se abren dos capillas barrocas a ambos lados. En el segundo tramo se abre, al norte, la capilla barroca  de en honor a la Virgen de El Pilar construida en el siglo XVIII. La sacristía se sitúa al norte del crucero. La torre se sitúa a los pies, orientada asimismo al norte y con tres tramos de sillería. Ambas son obra del XVII-XVIII.

                La iglesia parroquial de Galilea, al igual que  las otras ocho iglesias del resto de los pueblos que conforman el Valle de Ocón, datan de los siglos XVI y XVII tanto en lo que se refiere a las obras de construcción de nueva planta como a las posteriores y sustanciales reformas que sufrieron en gran parte de la fábrica. La mayoría de estas iglesias, se construyen a lo largo del siglo XVI. La nuestra parece comenzada en la primera mitad de este siglo terminándose la nave a finales de siglo o comienzos del siguiente. Coincide esta construcción con la expansión económica que entonces se observa en en los municipios del Valle de Ocón.  Sus constructores, entre los que destacan nombres como los de Francisco de Odriozola, Juan de Olate, Juan de Maesabel,  Domingo de Urcarayn, pero sobre todos, las familias Juaristi y Alzaga son canteros vascos que difunden por todo el Valle una tipología relacionada con modelos constructivos anteriores.

                Todos estos maestros vascos, a excepción de Juan de Alzaga, se instalarán en La Rioja alejándose de sus lugares de procedencia, de manera que vemos a Juan de Juaristi I residir en Logroño hacia 1584; Juan de Juaristi II, hijo del anterior, aparece en 1595 como vecino de Préjano y en 1609 de Arnedo, lugar donde moriría en 1625. Una hija de Juan  Juaristi I, María, reside en 1613 en La Villa de Ocón y tras ese año, al morir su marido, se traslada a vivir a Arnedo. En el mismo lugar vivió Gracia, hermana de los anteriores. A diferencia de los canteros santanderinos o "montañeses" que mantienen sus casas y posesiones en su tierra natal, trasladándose a Castilla a trabajar entre marzo y el invierno, los canteros vascos, al no poseer en sus tierras de origen bienes raíces, ya que estos habían pasado al heredero único, adoptaron la vecindad de los lugares donde trabajaron, como así  ocurrió en el Valle de Ocón.

Pasillo central de la iglesia

                Gran parte de las fábricas que se construyen en nuestro Valle durante la segunda mitad del siglo XVI, tuvieron como principales artífices a miembros de las familias Juaristi y Alzaga, que en muchas ocasiones colaboraron en las mismas obras ya que aparte de la relación familiar que les unía  por el matrimonio entre Martín de Alzaga y María de Juaristi, debió existir entre ellos algún tipo de relación laboral constatada por las numerosas cesiones y traspasos de obras que realizan. Aunque es de suponer que también intervinieran en la iglesia de Galilea, es en las iglesias de Santa Lucía, El Redal, La Villa de Ocón y Los Molinos, donde está perfectamente documentada la presencia de estos canteros.

                Tras las obras realizadas por el maestro Domingo de Urcarayn, la fábrica de la iglesia de Santa Lucía quedará en manos de Juan de Maesabel. En 1572 este maestro la cederá a Juan de Juaristi I que trabajará en ella en compañía  de su hermano Martín, hasta 1584, y en solitario hasta 1587, año en que deja la fábrica a Juan de Alzaga. Coincidiendo con este trabajo en la iglesia de Santa Lucía, Juan de Juaristi se hará cargo de la construcción de la capilla mayor de la iglesia de El Redal donde trabajará desde el año 1584 hasta el de 1591, año de su muerte. Posteriormente se haría cargo de las obras su hijo Juan de Juaristi II.  La tercera iglesia donde trabajaron estos canteros fue en la de San Miguel de La Villa de Ocón en concreto en la construcción de la capilla del coro de la misma.

                El 7 de mayo de 1621 vemos  cómo Juan Juaristi II sale fiador de "Lamberto Caxues, bordador de naçión françes", residente en Arnedo en una demanda que le había puesto la iglesia de Santo Tomás de esa ciudad sobre el aderezo de una casulla y dalmática, por las diferencias que ellos tenían en el precio. Lamberto Caxues para responder del fiador, hipoteca la cantidad de dinero que le debía la Iglesia de Galilea de los bordados que había hecho para ella y además deja en prenda una casulla bordada en Corera.

                Todas estas iglesias son de una traza similar. Son iglesias de una sola nave, con capillas entre los contrafuertes, soportes de sección circular adosados al muro, arcos apuntados y bóveda de crucería estrellada. Este modelo se mantendrá hasta las primeras décadas del siglo XVII. A partir de la segunda mitad del siglo XVII se observa un cambio en las fábricas introducido por maestros como los Raón, de origen lorenés, o los numerosos maestros navarros que trabajan en esta zona del Valle a finales del siglo XVII y durante el XVIII. Esta transformación está representada en nuestra iglesia en la modificación y reparación de la fábrica efectuada en el siglo XVIII cuando por la mala calidad de la piedra de sillería empleada en su construcción explica alguna de las intervenciones sufridas a mediados del siglo XVIII, como así lo atestigua el siguiente documento:

   “Certifico yo Mateo Ibarrola, maestro de obras de cantería, vecino de la villa de Arcinega, y residente en la de Zorzano que habiendo sido llamado para el reconocimiento de una quiebra que padece la iglesia del lugar de Galilea según está mandado por auto de visita, y habiendo visto y reconocido la dicha quiebra, la hallo que necesita de compostura y repasarla, que de lo contrario se seguirá grave perjuicio a la fábrica y que el coste que tendrá a dicho repaso llegará a la cantidad de doce mil maravedíes que es el juicio que hago.

Firmado en Galilea el 9 de octubre de 1764."

Escalinata altar mayor

En el día 17 del mismo mes y año se emite otro informe sobre el preocupante estado de la fábrica de la iglesia, de este tenor:

            "De orden de don Pedro Marín cura y beneficiado de esta iglesia, vine a reconocer una quiebra que ha hecho dicha iglesia en los dos ochos del Altar Mayor y en el lado de la epístola y habiendo registrado con todo cuidado y visto la causa del quebranto digo que no las fachadas ni los estribos tienen desplome alguno y así la causa proviene de haberse gastado las piedras sillares del suelo hasta la primera piedra, por ser de mal grano y estas por los asientos se muelen con el peso y se rebajan habiendo determinado los tres del cabildo corregir este daño, me ha parecido declarar el modo según lo que alcanzo y es como sigue:

            En primer lugar, y antes de dar golpe, se apearán los tres estribos que han padecido el daño con tres maderas buenas que reciban dichos estribos a la mitad de su altura apartados dieciocho pies (cinco metros y medio) de los cimientos y porque el uno de los estribos no se puede apear con los 18 pies de distancia por impedirlo una tapia. Esta se romperá y se podrá asegurar el apeo a dicha distancia. Hecha esta diligencia se sigue romper el cimiento.

            Es condición que el maestro debe romper la pared de las espaldas del Altar Mayor por la reja abriendo una ventana y pase de parte a parte de la pared y por esa ventana se entrará una madera, por lo menos de pie y medio en cuadro, y sobre esa madera se cruzará un o dos tablones gruesos que cojan todo el grueso de la pared; y dicha madera con sus tablones se levantará hasta que reciba el peso de la pared y sus dos extremos descansarán sobre dos caballones muy fuertes y bien afianzados dentro y fuera de la iglesia.  La madera tendrá, por lo menos, 16 pies de larga (cinco metros) y labrarse a escuadra para impedir el vagueo.

            Y es condición que después de bien asegurados dichos apeos se han de sacar todas las piedras que están debajo de dicho apeo hasta llegar al cimiento; y si este se conoce tener buena unión se proseguirá sobre su firmeza hasta subir de buena mampostería cinco pies y restante hasta el apeo será de buena sillería y se ha de procurar recibir la pared antigua con toda fidelidad cogiendo todo el grueso de macizo. Se ha de hacer la misma diligencia en el otro ochavo con las mismas circunstancias."